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Alpargateras roncalesas

Los días 4 y 5 de diciembre se presentó en Pamplona e Isaba respectivamente el libro Erronkari ibaxako ainariak – Alpargateras roncalesas (Xibarit, 2020), escrito por el historiador y divulgador izabar Fernando Hualde y con imágenes de Joseba Urretavizcaya.

Este volumen, que presenta una edición muy cuidada, pretende dar a conocer la historia de las alpargateras roncalesas, aquellas mozas (también hubo mozos, pero la gran mayoría eran mujeres) que durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del siglo XX cruzaban la muga en otoño para trabajar en las fábricas de espartinas de Mauleón y regresaban a sus pueblos al final de la primavera.

Una historia relativamente conocida en el valle de Roncal, pero que todavía carecía de una publicación de referencia que explicara este fenómeno en el que tomaron parte muchas de nuestras antepasadas.

Portada del libro «Alpargateras roncalesas» (Xibarit, 2020)

Así, el libro consta de tres partes: en la primera se explica todo el fenómeno de las alpargateras, cuándo y por qué surge, desde qué pueblos marchaban y qué clase de personas lo hacían, cómo era el viaje de ida, la estancia en Mauleón y el viaje de vuelta; en la segunda parte se detallan las alpargateras roncalesas de las que hemos tenido noticia hasta la fecha; y el la tercera parte de la publicación se hace un repaso por las diversas iniciativas que durante los últimos años han venido a reconocer la labor de aquellas mozas realizaron durante décadas y que supuso durante una época una importante fuente de riqueza para muchas familias del valle.

En la citada segunda parte, esto es, en el proceso de investigación, estamos integrados la Asociación Cultural La Kukula de Burgui, la Asociación Cultura Kurruskla de Isaba y el Proyecto Bidankozarte de Vidángoz. Un trabajo que todavía no ha concluido pero que hasta la fecha ha conseguido identificar más de 200 alpargateras roncalesas, de las cuales 42 son de Vidángoz.

Es de esperar que la publicación del libro, con su consecuente difusión, sirva de impulso a esta labor y se consiga identificar nuevas alpargateras que todavía no constarían entre las recopiladas hasta la fecha. Y es que, si bien puede parecer una cantidad importante las 42 mozas de Vidángoz identificadas hasta la fecha, hay que señalar que en el caso de nuestro pueblo hay otras 40 con indicios de poder haber tomado parte en esta migración anual pero cuya participación en la misma no ha podido ser todavía corroborada (o desmentida). Así que ya sabéis, si cuando leáis el libro echáis en falta alguna persona que sepáis que fue a la alpargata, os agradecería que me hicierais saber su nombre y todas las circunstancias que le rodearan, de manera que sigamos completando este estudio y rescatando del olvido más y más de aquellas mujeres.

Además de este libro, está en proceso también un documental producido por Maluta Films en el que se relatará la historia de las alpargateras y que, a bien ser, verá la luz en unos meses.

Y, además, está la página web ainarak.eus, donde, además de la información que consta actualmente, digamos que “la de inicio”, se irá plasmando toda la información que se vaya recogiendo conforme la investigación avance.

Para terminar, señalar que el libro puede adquirirse en la librería Abárzuza de Pamplona o en la página web de la editorial responsable de su publicación, Xibarit Argitaletxea: www. xibarit.com.

Accidente mortal en una almadía (17/03/1917)

Almadía saltando la presa de Ziberria, en Vidángoz. En un salto similar, aunque en un río de mayor envergadura, se produjo la desgracia

Almadía saltando la presa de Ziberria, en Vidángoz. En un salto similar, aunque en un río de mayor envergadura, se produjo la desgracia

El colectivo hermano La Kukula de Burgui daba cuenta hace diez días de un accidente de almadía ocurrido hacía 75 años en el que falleció el burguiar Donato Mendive.
Pues bien, casualidades de la vida, tal día como hoy hace 100 años las almadías nos dejaban otro accidente laboral con resultado de muerte y con algún bidankoztar de por medio.
El suceso tuvo lugar en el río Belagua, en la presa del molino de Isaba, donde cayó al agua el peón (trabajador contratado) de almadiero Miguel Pérez Novallas (o Navallas, según el documento), natural de Salvatierra de Esca, y falleció ahogado. Su cuerpo fue arrastrado por el agua y pudieron sacarlo del agua en el punto donde confluyen las aguas de los ríos Belagua y Uztárroz dando origen al Ezka. Por lo que indica la prensa de esos días, había habido abundantes lluvias y el río bajaría crecido, con lo que es de esperar que maniobras del tipo a la del salto de la presa fueran aún más peligrosas que de costumbre.

Recorte del Diario de Navarra de 21/03/1917

Recorte del Diario de Navarra de 21/03/1917

Este almadiero se encontraba trabajando para José Urzainqui Jimeno [Hualderna], bidankoztar y miembro de la Sociedad de Almadieros de Vidángoz (hablaré de este colectivo en otra ocasión, pues apenas quedaba recuerdo sobre él y es una cooperativa cuyo funcionamiento fue relevante para nuestro pueblo), que en estos casos, así como en los accidentes de menor gravedad, tenía establecidas una serie de indemnizaciones para los afectados (o para sus familiares, como en este caso). Por lo que indica la reseña del accidente que apareció en el Diario de Navarra, en la misma almadía viajaban otros dos vecinos de Salvatierra de Esca, uno de ellos hermano del fallecido, que imaginamos que habría sufrido especialmente con el suceso.

Nota en la que se da parte del accidente a la Sociedad de Almadieros de Vidángoz

Nota en la que se da parte del accidente a la Sociedad de Almadieros de Vidángoz

Claro que, en esta ocasión, al haber fallecido a resultas del accidente, la cuantía a pagar a la viuda debía de ser considerable y la Sociedad intentaba de alguna manera escaquearse o pagar menos de lo que parecía estar estipulado. Además, en estos casos, el importe de la indemnización lo habían de aportar todos los socios de la Sociedad de Almadieros de Vidángoz, que en el momento de este accidente eran treinta (casi la mitad de las familias de Vidángoz), y cada uno de ellos en función de las almadías que poseía cada uno de ellos.
Finalmente, y tras presionar el abogado de la viuda un poco, ambas partes llegaron a un acuerdo y la mujer del finado Miguel Pérez percibió una indemnización de 2.900 pesetas que, aunque en 1917 sería una cuantía considerable, en ningún modo habría suplido la ausencia de su marido.

Una teja con historia

En los últimos días he leído dos noticias curiosas que tenían por protagonistas sendas tejas.
La primera era particularmente curiosa por tener una inscripción en euskera y haberse encontrado nada menos que en Villartoso (Soria).
La segunda, no tan curiosa, pero mucho más cercana en el espacio, ya que la recogía el colectivo ‘hermano’ La Kukula de Burgui en su facebook.
Pues bien, en Vidángoz no íbamos a ser menos y también tenemos una teja con una inscripción que, si bien no está en euskera, si que tiene una historia cuanto menos curiosa por detrás.
En nuestro pueblo, quien más quien menos sabe que hubo una tejería. De hecho, todavía hay una calle que hace referencia a dicha factoría: aunque recientemente ha habido algún cambio en la denominación por temas de catastro, antiguamente la calle Tejería partía de la calle Mayor entre casa Landa y casa Fuertes (actual casa Azkue) hacia abajo, cruzaba el puente de Casero y subía al Castillo. Y es que, siguiendo del Castillo hacia el alto de Igal, allí se encontraba la tejería de Vidángoz.
Teja encontrada en casa Santxena

Teja encontrada en casa Santxena

Todavía no he conseguido profundizar demasiado en la historia de la tejería, así que dejaré este punto para otra ocasión, pero lo que sí trataré serán las circunstancias que rodean a la historia de la teja que acompaña estas líneas, que encontraron al retejar el tejado de casa Santxena hace algunos años. La inscripción de dicha teja reza así: ‘José Mina, carabinero en Vid[án]goz, se casa en el mes de agosto y no conbida a sus compañeros. Me cago [en] quien lea esto‘. La mala leche plasmada en una teja.

Bueno, para empezar no tenemos ni idea de quien la escribió, posiblemente un carabinero (por lo de compañero, o tal vez solo era compañero en la tejería…), pero el nombre del casadero que nos da nos pone sobre la pista de en qué año se hizo la teja: en 1883. Efectivamente, el 25 agosto de aquel año se casó en Vidángoz un carabinero que se ajusta con los datos que nos da la teja, si bien la inscripción no era del todo correcta, ya que el novio se llamaba José Flores Mena, de 25 años, natural de Medina Sidonia (Cádiz) y carabinero del punto de Vidángoz. Por lo que se ve, el sueldo de carabinero no sería nada del otro mundo (o siempre les vendría bien un complemento) y se sacaban unos duros trabajando en la tejería. El caso es que el tal José Flores no se querría meter en muchos invitados, por el gasto que conllevaban o a saber por qué razón, y alguno de éstos se sintió ofendido.
Tejería de Arbizu, similar a la que habría en Vidángoz

Tejería de Arbizu, similar a la que habría en Vidángoz

La novia de José Flores, que suponemos que también tendría algo que decir en este asunto, era una burguiar con cierta relación con Vidángoz: Francisca Aizagar Larrambe, de 22 años. Aunque no es seguro del todo, los datos que manejo parecen apuntar a que era hermanastra de Fernando Aizagar Arnalda, que había sido molinero y ejercía de carpintero y carnicero en Vidángoz y cuya mujer, también natural de Burgui y de nombre Antonia Andreu Aisa, consta como testigo/madrina en el citado matrimonio.

La pareja aún residió en Vidángoz al menos un año más, ya que el 28 de junio de 1884 el matrimonio vio nacer a su primogénita, Cristobalina Flores Aizagar, en nuestro pueblo. Después, probablemente, José Flores habría sido trasladado a algún otro punto y ya se pierde la historia de esta familia.
¡La de juego que nos ha dado la inscripción de una teja!
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