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Lapitxorronga

Aspecto de Lapitxorronga el 17/04/1954 (Jesús Elósegui Irazusta, www.guregipuzkoa.eus)

Aunque ya traté este topónimo en la charla ‘Mitos sobre Vidángoz’ en agosto de 2015, todavía no había hecho referencia al mismo en la sección de toponimia de esta publicación, y teniendo en cuenta lo emblemático del término en cuestión, aprovecharé estas líneas para que quede constancia del mismo para la posteridad.
Lapitxorronga, aunque para cualquiera de Vidángoz o de los alrededores cercanos no necesite de presentación, hace referencia a la mole de piedra que vigila la entrada a Vidángoz por el Sur.
Curiosamente, aunque hace referencia a un término  de poca envergadura e integrado prácticamente en el propio pueblo, no suele aparecer en los mapas, aunque sí se menciona en los diversos trabajos sobre toponimia que se han realizado en las últimas décadas.
Físicamente, como se puede observar, hace miles de años el paco de Elizarena, Lapitxorronga e Igariarena formarían una única losa de roca que la erosión producida por las aguas del río Biniés y el barranco de Elizarena por un lado y del barranco de Igariarena por otro, habría ido transformando hasta dar lugar al paisaje que conocemos en la actualidad.
Pasemos ahora a analizar el nombre nuestra atalaya particular. Seguro que si preguntamos a cualquiera cómo se llama la peña de Vidángoz respondería Pitxorronga. Lógico.

En torno a esta cuestión se desarrollaba hace pocos años una conversación en la sobremesa de la comida popular de fiestas de Vidángoz. Por un lado, un gipuzkoano que había visitado Vidángoz con asiduidad, tenía conocimiento del euskera y cierta afición por la toponimia. Por el otro, una legión de bidankoztarras que trataban de contestar a sus dudas.

Vista de Lapitxorronga desde el barrio de Egullorre [Foto: Ángel Mari Pérez Artuch]

El gipuzkoano señalaba que Pitxorronga no presentaba una raíz euskérica, que no había topónimos en otros pueblos que se le parecieran y que, tal vez, la peña debía de tener algún otro nombre anterior.
Los bidankoztarras, como pillados en un renuncio con semejante pregunta, se encogían de hombros para señalar que de toda la vida eso había sido La Pitxorronga, que nadie le conocía otro nombre.
Y hete aquí el quid de la cuestión: la peña se llama Lapitxorronga, todo junto, aunque cuando el castellano remplazó al euskera como lengua habitual, se ve que interpretaron que el la inicial era un artículo determinado femenino.
Entonces, ¿qué significa? Pues aunque el significado no es del todo claro, sí lo es al menos su primera parte, lapitz, que quiere decir ‘roca que se encuentra en la superficie de la tierra’. La segunda parte, orronga, tal vez sea una evolución de erronka, que algunos han traducido como ‘desfiladero‘, con lo que tal vez Lapitxorronga inicialmente no hiciera referencia a la peña en sí sino al paso entre ésta y Elizarena, significando algo así como ‘el desfiladero de roca’.
En adelante ya sabéis, la peña se llama Lapitxorronga, no Pitxorronga.

La Txurrusta

El topónimo que nos ocupa en esta ocasión hace referencia a un lugar muy cercano al pueblo, podríamos decir que en el límite del mismo: La Txurrusta. Con este nombre se denomina a la pequeña cascada o salto de agua que queda entre la Pitxorronga e Igariarena y por donde desagua el barranco de Igariarena.

La Txurrusta, al lado de la Pitxorronga

La Txurrusta, al lado de la Pitxorronga

En temporada lluviosa o de deshielo puede verse saltar el agua por la Txurrusta. De hecho, de ahí le viene el nombre a ese lugar, ya que proviene de la onomatopeya euskérica zurrust, que describe el sonido del agua al correr/caer. Así, es posible que en su día, cuando en Vidángoz el uskara era la lengua habitual, hubiera más de una Txurrusta en alguna otra parte del término municipal, extremo éste que no podemos confirmar. En este sentido, cabe señalar que tanto en Roncal como en Salazar hay diversos términos con nombres similares y que hacen referencia a lugares similares físicamente: las Txorrotas entre Roncal y Burgui, sin ir más lejos, Zurrustape en Burgui, Txorrota en Urzainqui, etc…

En cuanto a la historia de este término, y aunque pudiera parecer que, por pequeño, no había de tenerla, la verdad es que guarda un secreto que probablemente nunca consigamos desvelar: lo sucedido en torno a la muerte de Celedonia Fuertes Ustés (Lixalte / Larrambe), que fue uno de los temas que se trató en la charla Vidángoz negro dada en fiestas de 2014.

El 29 de abril de 1900, el cuerpo de la anciana Xelonia (que así le llamaban), que contaba entonces 68 años, apareció en la pequeña balsa formada debajo de la Txurrusta aparentemente ahogada, todo ello según la partida de defunción. El mismo documento, sin embargo, señala que, tras realizarse la autopsia, quedó claro que la muerte no fue por ahogamiento sino por un “choque violento que produjo conmoción cerebral y gran aflujo de sangre a los vasos meníngeos y cerebrales”, en otras palabras, que había caído de la Txurrusta abajo.

Se instruyeron diligencias judiciales, diligencias que debieron desaparecer para siempre en algún expurgo de los realizados tras la guerra civil de 1936. Una pena, porque nos quedamos con las ganas de saber lo que pasó en la Txurrusta (o lo que dijeron que pasó). Misterios sin resolver.

Subasta del horno y la herrería municipales (1862)

Hace 150 años, en 1862, también debían de correr malos tiempos en lo económico. Cómo de mal, cómo de arruinado estaría el estado, cuando decidió desamortizar los bienes municipales y clericales, como forma de “hacer caja”.

Realmente este proceso, conocido como desamortización de Madoz (el ministro de Hacienda de aquel momento), se inició en 1855, pero la venta de los bienes expropiados se alargó hasta finales de siglo.

Descripción del horno en el expediente para la subasta

Descripción del horno en el expediente para la subasta

El caso es que en el otoño de 1862, el Boletín Oficial de Ventas de Bienes del Estado en Navarra subastaba el horno y la herrería de Vidángoz. Tanto estos bienes como el molino se mantuvieron en manos de bidangoztarras, y se trató de preservar su uso común para todos los vecinos.

El molino no figura en la mencionada subasta de 1862 porque se había vendido anteriormente, en 1859. En este caso no fue una subasta del estado sino una venta particular del ayuntamiento, según parece, haciendo una triquiñuela para asegurarse de que el molino quedara en manos de los bidangoztarras. Decía el ayuntamiento que el molino amenazaba ruina y no se contaba con los recursos para arreglarlo y, además, había que hacer frente a una deuda relativa al mismo. Se tasó y licitó en subasta, siendo el comprador fue Diego Pérez (Diego), que en otro documento inmediatamente posterior al de la compra del “molino arinero, los montes o pacos de Maricalda, Seseta, Vilasco, Ygariarena y paco de Ansegurnea o Abetal”, deja constancia ante notario de que fue ayudado por una serie de personas (menciona a los que son, seguramente, todos los cabeza de familia de Vidángoz) y por ello quedan con derecho a usarlo.

Expediente relativo a la herrería

Expediente relativo a la herrería

Algo similar sucedió con la herrería, comprada en la subasta de 1862 por Mariano Mendigacha (Mendigatxa), y que dispuso en escritura pública en 1877 que lo cedía para uso del vecindario de Vidángoz a condición de que se mantuviera con uso de herrería.

Y por último, los hornos fueron adquiridos en 1877 por Braulio Urzainqui (Txestas), que al igual que los bienes anteriormente mencionados, se disfrutaban en régimen común.

Así, podría decirse que la desamortización de Madoz vino a ser el punto de partida de la Sociedad del Molino y Fincas Anejas, cuyas tres propiedades principales vinieron siendo las descritas en este artículo… si no fuera porque la mencionada Sociedad se constituyó formalmente en 1906, casi medio siglo después de los hechos descritos.

De lo ocurrido en ese periodo y de otros acontecimientos relativos a la Sociedad del Molino hablaremos más largo y tendido en otra ocasión.

Igariarena

Si en el número anterior tratábamos el topónimo Elizarena, esta vez cruzamos el río Biniés aunque no nos vamos muy lejos. En esta ocasión el topónimo elegido es Igariarena, que, al igual que en el caso de Elizarena, tiene una etimología bastante inequívoca.

Al igual que en el caso de Elizarena, la partícula final hace referencia al posesivo –(r)ena, quedándonos en este caso la partícula inicial Igari, nombre en Euskera del vecino pueblo de Igal. Con lo cual el nombre de este término viene a significar “el de Igal” o “lo de Igal”, que es el lugar hacia el que se va si partimos de Vidángoz cara a Igariarena.

Igariarena en un mapa topográfico antiguo (indica serrería en vez de quesería)

Igariarena en un mapa topográfico antiguo (indica serrería en vez de quesería)

Igariarena es, al igual que Elizarena, una enorme plancha de piedra formada en a saber qué plegamiento geológico y que, como comentábamos en el caso de Elizarena, algún día habría formado una única plancha de piedra que aunaría los actuales Elizarena, la Pitxorronga e Igariarena, separados posteriormente por la erosión del Biniés por un lado y del Barranco de Elizarena y la Txurrusta por otro.

Igariarena ha contemplado cómo por sus pies han pasado gran parte de las industrias de Vidángoz, habiendo albergado prácticamente una industria de cada tipo de las que ha habido en Vidángoz: una tejería, una serrería, una quesería y un corral, o, lo que es lo mismo, una industria de transformación, una del sector maderero, otra de alimentación y otra del sector ganadero.

Por último, también fue testigo obligado de las miserias que pasaron todos aquellos prisioneros que tallaron a pico y pala la “caja” de la carretera Vidángoz-Igal y que el pasado día 23 recibieron un año más un merecido homenaje.

Elizarena

El topónimo que explicaré hoy es Elizarena, o, según el habla popular actual Lizarena. Es un paraje que, más que un monte en sí, viene a designar a las laderas que hay a ambos lados del barranco de Elizarena, en una de las cuales está apoyada parte del casco urbano del pueblo.

La etimología del nombre es clara como pocas: “Eliza” (iglesia) + “rena” (sufijo relativo), que traducido vendríamos a denominar “lo de la iglesia” o “el de la iglesia”.

Elizarena, visto desde Igariarena

Elizarena, visto desde Igariarena

Hay algunos mapas en los que este paraje aparece denominado como Lezerena, que vendría a significar “el de la cueva”, y que, probablemente, es el origen del nombre que imaginó quien cartografió este paraje y pregunto el nombre a los vecinos y, al oír Lizarena dedujo que el nombre le vendría por la cueva (“leze”) que hay a la par de la Pitxorronga. Esta explicación podría corresponderse con la realidad del terreno, pero los documentos antiguos no dejan dudas al respecto del origen del nombre, que como indicaba anteriormente, hace referencia a la situación de la iglesia parroquial de San Pedro sobre este paraje.

Sobre una de sus laderas, en la que se encuentra parte del casco urbano (y donde, por cierto, actualmente una casa lleva su nombre, esto es, Elizarena), antaño había además multitud de eras y huertas. La ladera que está al otro lado del barranco de Elizarena, es una enorme plancha de roca que, siglos atrás, sería todo uno con la Pitxorronga e Igariarena, pero que el paso del agua y del tiempo ha terminado por separar.

Si las laderas de Elizarena hablaran, seguramente nos contarían muchas historias sobre Vidángoz, algunas secretas y otras no tanto, como por ejemplo cómo dieron muerte a Manuel Mendigacha (Mendigatxa), padre de Mariano Mendigacha, en plena 1ª guerra carlista.

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