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¡Mendigacha ríndete!

Esta vez, y sin que sirva de precedente, voy a tratar más que una parte del legado de Mariano Mendigacha, una de las circunstancias que marcaron su vida de manera muy relevante. Y es que rebuscando en una hemeroteca antigua, por casualidad, encontré un artículo que tiene mucha relación con la vida de Mariano y que, por otro lado, explica el por qué de esa expresión que muchos habremos escuchado alguna vez: ¡MENDIGACHA RÍNDETE!

Para empezar podríamos decir que Mariano Mendigacha nació en un siglo particularmente violento: desde los últimos años del siglo XVIII, en los que tuvo lugar la guerra de la Convención, el siglo XIX comenzó con la guerra de Independencia, siguió la guerra Realista y posteriormente las guerras Carlistas, dejando todas ellas una huella más o menos grande en la vida y el sentir de los bidangoztarras. Por si esto fuera poco, desde mediados del siglo, con el paso de ser Reino de Navarra a provincia, los roncaleses dejaron de tener el privilegio de no tener que realizar el servicio militar de España, y como consecuencia, a algún bidangoztarra también le tocó guerrear en la guerra de Cuba y Filipinas.

Soldados de infantería isabelinos (llamados así por Isabel II) o cristinos (en honor a la Regente Doña Cristina de Isabel II), como los que dieron muerte a Mendigacha.

Soldados de infantería isabelinos (llamados así por Isabel II) o cristinos (en honor a la Regente Doña Cristina de Isabel II), como los que dieron muerte a Mendigacha.

Por si todo esto fuera poco, Vidángoz también sufrió un violento brote de cólera que diezmó su población en 1855 y trató de evitar como pudo la desamortización civil de Madoz (la expropiación por parte de la administración española de los bienes públicos) que tuvo lugar a mediados de siglo.

Con todo esto podemos figurarnos que la mentalidad de la época sería más bien pesimista y bastante trabajo tendrían con aguantar el día a día como para andar planeando el futuro a medio y largo plazo.

Mariano Mendigacha era el segundo hijo del matrimonio formado por Manuel Mendigacha  (Mendigatxa) y Melchora Ornat (Ornat). Su hermano mayor Pascual Isidoro, falleció en torno al año de edad,  algo que dadas las circunstancias sociales del momento, no era para nada extraño.

Así pues, Mariano Saturnino Mendigacha (que así era su nombre completo) nació el segundo pero, a la postre, quedó primogénito, con todo lo que ello conllevaba. Nació en 1832, a las puertas de la primera guerra carlista y con un Vidángoz que todavía estaba recuperándose de la guerra de Independencia y del impacto que habría tenido en la población el enfrentamiento armado que se produjo en 1821 en el mismo Vidángoz entre los dos bandos contendientes en la guerra Realista.

De hecho el propio padre de Mariano Mendigacha, junto con otros bidangoztarras, fue acusado en 1822 del asesinato de Leandro Gorria, natural de Urzainqui y miliciano de Uztárroz, hecho que seguramente tendría relación con el enfrentamiento habido en Vidángoz unos meses antes.

Fusilamiento de carlistas, bando al que pertenecía Manuel Mendigacha, padre de Mariano.

Fusilamiento de carlistas, bando al que pertenecía Manuel Mendigacha, padre de Mariano.

Llegamos ya al hecho en sí. El  21/12/1835 un artículo del periódico liberal “El Eco del Comercio” decía lo siguiente: “Los bizarros hermanos Barricart seguidamente de haber contribuído con su valor a la aprehensión del cabecilla Rojo con su partida en Aóiz, alcanzaron también al rebelde Mendigacha con algunos otros en su propio lugar Vidángoz (Roncal) donde se había cobijado a repararse de la desastrosa correría por Cataluña. Cercándole en su misma casa que le dio el ser, se tiró por un balcón, y huyendo sin querer ceder a la rendición que le intimaban, herido de un balazo cayó y le cosieron a bayonetazos sus mismos patricios a causa del odio que le tenían por haberlos perseguido mucho y a sus familias. […]”.

Eran en torno a las 9 de la noche del 5 de diciembre de 1835 y una tropa de partidarios de doña Cristina rodeó casa Mendigacha y gritaron: “¡Mendigacha, ríndete!”. “Ni me he rendido ni me rendiré” dicen que contestó aquel, y seguidamente salió corriendo con lo puesto, aunque no debió llegar más que hasta las inmediaciones del barranco de Elizarena.

Aquel Mendigacha era Manuel, padre de Mariano Mendigacha, que creció huérfano junto a  su madre y tal vez algún tío y poco más. Su madre, viuda, no volvió a casarse, algo que era relativamente habitual, tal vez debido a las circunstancias de la muerte de su marido. Huérfano pues, e hijo único, cabe pensar que le habría tocado madurar mucho y rápido para hacerse cargo de su casa tan pronto como le fuera posible, casándose con 20 años.

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