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El Síndrome de Mendigatxa

Por si lo dicho en la entrada del miércoles fuera poco, Mariano Mendigacha sirve para denominar a un síndrome, el Síndrome de Mendigatxa, denominación que apareció por primera vez en el verso de Bidador pero que ha tenido más recorrido.

Artículo de Aingeru Epaltza sobre el Síndrome de Mendigatxa, en la última página del Diario de Noticias de 10/06/2015.

El Síndrome de Mendigatxa, tal y como lo definía certeramente Aingeru Epaltza en su columna del Diario de Noticias (06/10/2015), viene a ser la melancolía de ser una suerte de último mohicano de tu lengua, siendo consciente de ello.

Seguramente Mendigacha bastante tendría con su día a día como para andar pensando en que su nombre se iba a asociar a la desazón que le producía el querer enseñar todo su uskara y que no muriera y no ser capaz de salvarlo, pero el caso es que su figura ha servido para representar esa sensación.

En este sentido, y como dice uno de el poema de Díez de Ulzurrun, ‘amamos a Mendigacha, pero no ser Mendigacha‘.

Mariano, nuestro particular último mohicano, sonreiría satisfecho si pudiera ver que sus esfuerzos no fueron en vano, como tanto temía. Eskarrik anitx!

Crónica del homenaje a Mariano Mendigacha

Concurrida charla

Mucha gente y gran ambiente el sábado en Vidángoz en el homenaje a Mariano Mendigacha organizado por el Ayto. de Vidángoz, Real Academia de la Lengua Vasca (Euskaltzaindia) y Bidankozarte. La jornada comenzó con la charla ‘Mendigacha, Vidángoz y el uskara’ impartida por Ángel Mari Pérez Artuch.

Euskaltzaindia, el Ayuntamiento de Vidángoz y Bidankozarte, junto a los descendientes de Mariano Mendigacha

Tras la charla, nos desplazamos a casa Mendigatxa y allí hablaron el alcalde de Vidángoz y Euskaltzaindia, Arain y Garazi bailaron un aurresku y con la coral Julián Gayarre del Valle de Roncal cantamos antiguas canciones en uskara recopiladas por Mariano Mendigacha.

Placa colocada en homenaje a Mariano Mendigacha

Se colocó una placa en recuerdo de Mariano Mendigacha en la fachada de su casa y en el acto se descubrió.

Los medios de comunicación dieron cuenta del homenaje: Radio Nacional el sábado y Diario de Noticias y Diario de Navarra en sus ediciones impresas de ayer domingo. También Berria ha dedicado el 4 de septiembre un extenso reportaje al homenaje y al uskara roncalés.
Jendetza eta giro itzela larunbatean Bidankozen Mariano Mendigatxari Bidankozeko Aiza-Bulguak, Euskaltzaindiak eta Bidankozartek eskaini genion omenaldian. Goiza Gotzon Pérez Artutxek emandako ‘Mendigatxa, Bidankoze eta uskara’ hitzaldiarekin hasi zen.
Hitzaldiaren ondoren, Mendigatxaren etxera joan eta bertan Bidankozeko alkate zein Euskaltzaindiako hitzaldiak, ohorezko aurresku bat eta, Erronkaribarko Julian Gaiarre abesbatzarekin batera, Mariano Mendigatxak bildutako uskarazko antzinako abestiak abestu genituen.
Mariano Mendigatxari eskainitako xafla jarri zen bere etxean eta ekitaldian estalkia kendu genuen.
Hedabideek ekitaldiaren berri eman zuten larunbatean bertan (Radio Nacional de Españak) eta atzo (Diario de Noticiasek eta Diario de Navarrak). Irailaren 4ean Berriak ere eskaini dio erreportaia luze bat omenaldiari eta Erronkariko uskarari.

Encontrado en Vidángoz un cráneo… ¿sin dueño?

Las ediciones digitales de Diario de Noticias y Diario de Navarra recogían ayer una noticia titulada “Investigan el hallazgo de un cráneo humano en el río Irati a su paso por Orbaizeta“.

Pues bien, salvando la distancia temporal, en Vidángoz hubo un caso similar que traté en 2014 en la charla-paseo “Vidángoz negro: muerte y delincuencia en nuestras calles“, de la que se publicó un pequeño cuaderno con diversas historias truculentas ocurridas en nuestro pueblo.

Plano que indica dónde está el término de Irasokoatea

Nos tenemos que remontar al año 1850, con la primavera recién estrenada (más o menos en la época en que nos encontramos), cuando un macabro hallazgo sacaba al pueblo de su letargo invernal: una calavera junto con diversas ropas habían aparecido en el término de Irasokoatea [al Norte de Olaberria; visto que se indica que era paraje abrupto, tal vez habría cogido el denominado camino de Azaltegia y se habría perdido en algún punto cerca de los Lexankos (o Amuluxanko según algunos estudios de toponimia)]. El primero en ser avisado ha sido el párroco, Don Ángel Urzainqui [Ferniando], quien dió cuenta de lo encontrado al alcalde, Tomás Hualde [Pelaire]. Éste fue el encargado de realizar las diligencias necesarias para tratar de identificar los restos.

Para realizar el reconocimiento se desplazaron hasta el lugar del suceso el alcalde, el cirujano D. Manuel Larequi [Burgui / Elizalde]) y cuatro testigos (Tomás Iriarte [Güesa / Iriarte], Pedro Miguel Fuertes [Lixalte], Vicente Zazu [Gallués / Pexenena] y Mariano Landa [Landa]). Levantó acta el escribano Manuel Nicolao [Anxelarna].

En el lugar del hallazgo, además de un montón de trocitos de ropa y demás, apareció un elemento que resultó fundamental para identificar al cadáver: “una caja de ojadelata usada y algo roñosa, dentro de ella un poco de polvo para narices, en cuya tapa tiene hecha a navaja la inscripción “Carrascón”, y debajo, en tinta, pone “Mi dueño”, y en un lateral pone en tinta Dn M y el resto de letras, que debieron de estar escritas, están borradas”. Aparecieron, además, otros elementos de la vestimenta que no eran los habituales: “un sombrero de copa muy fino y bastante usado, con cinta de seda alrededor; una capa anoquerada de buen paño, con cuello alto y bueltas de pana de color de botella; un bastoncillo blanco de fresno”.

Una calavera apareció en el monte de Vidángoz.

A juzgar por donde apareció el cadáver, dedujeron que el difunto se habría retirado al abrigo del lugar y habría muerto ahí mismo, sin fuerzas ni alimentos y tal vez perdido, ya que algo más arriba está el camino de alcorce de sierra de los valles de Roncal y Salazar. Concluyeron que debió de estar algo de tiempo porque parte de la hierba está más pisada y, por unos pelos encontrados en la roca donde habría estado sentado, que era canoso. La calavera “la habrían separado las fieras feroces que según las fuentes se conoce haber habido muchas. Los huesos se suponen también comidos por las fieras, o llevados con facilidad por alguna avenida de agua del barranco de Azaltegia”.

El molinero, Ramón Ainesa, declaró que conocía a un tal Carrascón de avanzada edad que era cirujano (más o menos lo que hoy denominaríamos practicante, o enfermero) en Jaurrieta cuando él estuvo de molinero en aquella villa, y que además, en noviembre, pasó un hijo suyo preguntando si habían visto a su padre, porque había salido de casa (en Izalzu) hacia Urzainqui, para buscar trabajo porque le habían despedido de Izalzu, le debió de atrapar un temporal de lluvia y nieve y no había vuelto. Algunos vecinos más (Vicente Zazu [Gallués / Pexenena] y  Pascual Garcés [La Herrera]) corroboraron lo dicho.

Declararon también los que tenían propiedades cerca del lugar del hallazgo (José Anaut [Inigizena] y Pedro Miguel Fuertes [Fuertes / Lixalte]), que indicaron que no habían estado allí desde septiembre hasta una semana antes del hallazgo, y que “ignoran que nadie haya podido estar en un lugar tan distante y retirado”.

Las unaiak, las boyeras, declararon no haber visto a nadie.

Para cerrar el círculo de interrogatorios, les tocó el turno a las boyeras (unaiak) que andaban cerca del término: Ignacia Monzón [Txestas / Arguedas], que había estado todo el mes de Marzo en una borda que tienen en Irasokoatea, cuidando sus vacas, Manuela Sanz [Bernabé] y Sevastiana Navarro [Danielna], que todo el mes de Marzo había estado en la borda de su amo Diego Pérez [Diego] en la jurisdicción de Irasokoatea y por los días apacentaba sus vacunos o los de su amo. Ninguna había visto a nadie salvo a ellas mismas durante esos días.

Se enterró provisionalmente su cráneo en el cementerio de Vidángoz con una marca a la espera de que lo reclamasen.

Finalmente, las declaraciones de varios testigos de Izalzu indicaron que solía vestir con la ropa encontrada en Irasokoatea y que su estado de alimentación era malo porque era pobre miserable. Así pues, pese a que la viuda dice que su marido no vestía esa ropa, como negándose a aceptar lo inevitable, parece que el tema quedó aclarado y que el viejo cirujano Manuel Carrascón salió de Izalzu hacia Urzainqui por el puerto, le pilló el temporal, trató de refugiarse, se perdió, murió de frío y hambre, y los lobos dieron cuenta de su cuerpo.

No sabemos cómo acabará la historia que hay detrás de la noticia, pero seguro que el tema no tiene mucho que ver con lo ocurrido en Vidángoz hace más de siglo y medio…

Vicente el de Landa ya descansa en paz

Hace casi dos años, en junio de 2013, recordábamos por un lado las represalias franquistas en Vidángoz, que padecieron prácticamente en exclusiva en casa Landa, y por otro lado, la fuga de San Cristóbal, de la que se cumplían en aquel entonces 75 años, y en la que tomó parte el bidankoztar Vicente Mainz Landa, de la mencionada casa Landa.

En aquel momento dábamos cuenta de los datos que se conocían: Vicente había sido detenido en los días posteriores al golpe de estado, juzgado por un Consejo de Guerra por un delito de Rebelión militar y sentenciado el 8 de agosto de 1936 a 30 años de reclusión perpetua. Seguramente en ese primer momento fue encarcelado en la cárcel sita en el barrio de San Juan (hoy en día desaparecida) y algo después, el 14 de noviembre de 1936, fue trasladado al penal de San Cristóbal. Año y medio más tarde, la noche del 22 de mayo de 1938, Vicente había escapado junto con otros 794 presos y no había regresado al penal como muchos de los aquellos (se contabilizaron 576 fugitivos que desistieron de su intento al haberse dado la alerta) que habían decidido volver antes que verse muertos por los disparos de sus perseguidores. Por último, parece que, en principio, habría conseguido aguantar casi 20 días fugado, hasta en día 10 de junio, cuando, según los informes, resultó muerto por la Fuerza Pública encargada de su captura al hacer armas contra ella en el valle de Esteríbar, si bien no se indicaba el pueblo concreto en cuyo término se le había detenido y ejecutado.

Vicente Mainz Landa

Vicente Mainz Landa

Pues bien, como resultado de unas recientes inhumaciones realizadas en el pueblo de Elía (valle de Egüés, aunque mugante con el valle de Esteríbar en el término de Belzunegi), ayer mismo (04/05/2015) se dio a conocer que los restos de uno de los enterrados en aquella localidad pertenecían al bidankoztar Vicente Mainz Landa, y en el mismo acto fueron recogidos por un sobrino suyo, Ricardo Galech Mainz, quien reconoció el descanso que suponía para la familia el hecho de encontrar los restos.

Sabiendo dónde terminó la fallida huida de Vicente, podemos intentar recomponer lo que fue su huida a través de los testimonios recogidos en los pueblos por los que fueron pasando fugados. La noche del 22 de mayo se produjo la fuga masiva, casi 800 presos de entre los que solo había 9 navarros, esto es, 9 que sabían más o menos por dónde se andaban o hacia dónde había que correr. En cualquier caso, parece que, al menos los organizadores de la fuga sabían que la mejor ruta para llegar hasta la muga francesa era el valle de Esteríbar. La fuga tuvo la mala fortuna de que uno de los guardias del fuerte que volvía de pasar el día en Pamplona vio lo que ocurría y dio el aviso esa misma noche. De no haber aparecido aquel, es probable que muchos más hubieran logrado el objetivo de llegar a Francia. Pero pasó lo que pasó. Y se inició la caza de los fugados, ya que se dió orden de no hacer prisioneros, sino de matarlos.

La mayoría fueron abatidos en los primeros días y en las cercanías del monte Ezkaba o cerca de los pueblos más inmediatos. Pero parece que algunos consiguieron eludir estos primeros momentos de acoso y refugiarse en el monte. Sin embargo, el miedo a ser acusados de colaborar con los fugados, unido a la propaganda falangista que avisaba de que los fugados eran delincuentes, asesinos y ladrones, hizo que muchos vecinos de las localidades por las que pasaron los fugados colaboraran con los franquistas en esta caza de fugitivos.

Vicente parece que, junto con otros dos fugados consiguió mantenerse con vida casi tres semanas tras la fuga oculto en el monte, en algún lugar entre la muga de los concejos de Belzunegi (Esteríbar), Elía (Egüés) y Zaldaitz (Lizoain), hasta que, seguramente, alguien les delató y fueron ejecutados. No sabemos cuál era su plan, tal vez ir hacia Vidángoz (como parece que llevaba camino) o alcanzar la frontera por otro camino, o tal vez permanecer ocultos hasta que se calmaran las aguas y poder seguir el camino, pero el caso es que aquello no llegó a buen término. Los vecinos del pueblo armados con escopetas hacían guardia bajo las órdenes de la Guardia Civil de Villava y ellos fueron los que capturaron a Vicente y a sus dos compañeros de fuga en algún monte cercano a Elía, y a otro fugado en término de Amocáin, el 10 de junio y probablemente al anochecer, y de ahí los bajaron al pueblo. Según el testimonio de Francisco Esáin, por aquel entonces niño de 11 años que vivía en Elía, los llevaron a Artadizoko (paraje situado en las afueras del casco urbano de Elía), los niños rezaron el rosario mientras llegaba el cura, que tomó confesión a tres de los cuatro apresados, ya que uno de ellos rechazó hacerlo. Finalmente, Vicente y otros dos de los fugados, maniatados, fueron asesinados de un tiro en la cabeza. Uno de los cuatro consiguió escaparse aprovechando la oscuridad de la noche. FInalmente, los tres cadáveres fueron enterrados en el espacio de dos sepulturas en dicho paraje de Elía.

Así, la familia quedó sin saber nada de su hijo Vicente (y de Enrique tampoco se sabe mucho más), sin saber que había sido ejecutado. Prueba de ello son las declaraciones de su padre, Crisanto Mainz Glaría (Aristu / Landa), que declara en junio de 1939, dentro del expediente de Responsabilidades Políticas seguido contra su hijo Vicente, “que hasta la fuga escribía con bastante frecuencia, pero a partir de dicha evasión carece de noticias, por lo que ignora en absoluto su paradero”. No fue hasta la década de los años ochenta, cuando la familia leyó el nombre de Vicente en un artículo de prensa sobre la fuga, y entonces tuvieron certeza de lo sucedido, si bien desconocían el posible paradero de sus restos. Casualidades de la vida (o no), Ricardo Galech, un sobrino de Vicente, se casó con una natural de Elía, y debido a ello, la familia tuvo noticia de que Vicente estaba enterrado en aquel término, extremo que se ha confirmado recientemente.

Finalmente, señalar que la exhumación de Vicente Mainz Landa supone un hito, ya que la identificación de sus restos es el resultado del primer expediente de exhumación incoado por un ayuntamiento (el de Egüés, con fecha de 6 de noviembre de 2014) desde la aprobación la Ley de Memoria Histórica de Navarra.

Descansa en paz, Vicente.

Para más información sobre la exhumación:

Otras fuentes de información:

Tres cartas desde Pamplona

Portada de "Hiru gutun Iruñetik"

Portada de "Hiru gutun Iruñetik"

Recomendaba hace unos meses, allá por junio de 2013, un libro de Patxi Zubizarreta, “Hiru gutun Iruñetik”, parte de cuya trama tenía lugar en Vidángoz, recién terminada la guerra civil de 1936. El libro, en aquel momento solo estaba disponible en Euskara, pero tras consultar al autor, éste comentaba que para el presente año 2014 era probable que se publicara en castellano, concretamente por parte del Diario de Noticias. Pues bien, finalmente el libro va a ver la luz el próximo 24 de mayo, dentro de la colección “Escritores de Nuestra Tierra”.

El libro trata sobre la relación de amistad entre dos amigos guipuzcoanos a quienes la guerra civil divide en ambos bandos de la contienda. Al final de la misma, uno de ellos, el del bando republicano, es llevado a Vidángoz, a realizar trabajos forzados como parte de uno de los batallones de trabajadores que “abrieron la caja” de la carretera Igal-Vidángoz-Roncal.

Con ese trasfondo real, que nos muestra parte de la historia reciente de nuestro pueblo y que relata cantidad de pequeñas anécdotas reales que sumergen de lleno al lector en el ambiente que se vivía en aquel Vidángoz de finales de 1939 y principios de 1940, se relata una historia ficticia (pero que bien podría haber sucedido) cargada de intriga y con un final inesperado.

Un libro que se lee rápido y fácil y que espero que os animéis a ojear. Espero que os guste.

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