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Nacidos, casados y muertos en Vidángoz en 1918

1918 es uno de esos años marcados en rojo por la historia por dos motivos diferentes que, aunque en Vidángoz parece que no influyeron directamente, a nadie se le escapa que los efectos de ambos en las cercanías se harían notar: el final de la I Guerra Mundial y la epidemia de gripe.

Aunque España no tomó parte en la I Guerra Mundial, ésta tuvo un impacto brutal en las localidades cercanas al otro lado de la muga, con las que había mucho más contacto que en la actualidad. No hay más que visitar, por ejemplo, el cementerio de Santa Engracia y observar la cantidad de fallecidos que dejó aquel conflicto (60 muertos en una población de en torno a 900 personas).

Por otra parte tenemos la famosa Gripe del 18 o Gripe Española, que aunque en Vidángoz concretamente no tuvo incidencia, probablemente habría golpeado con fuerza en algún pueblo de nuestro entorno de la misma manera que a nuestra villa le había tocado la embestida del cólera en 1855.

La pareja formada por Martina Ornat y Jerónimo Sanz, en la foto con su nieta Anuncia Artuch

Como decía, pues, el ambiente no era demasiado alentador y reflejo de ello sea el hecho de que solo se oficiara una boda en todo el año, más si tenemos en cuenta que el año anterior también había registrado un único enlace matrimonial y que la media era de tres casamientos anuales. La única pareja que se dio el sí en aquel 1918 fue la formada por Jerónimo Sanz Calvo [La Cabrera / Txantxolit / Ornat] y Martina Ornat Jimeno [Ornat], que pasaron a ser los cabeza de familia de casa Ornat.

Muy diferente fue la dinámica en lo que a nacimientos se refiere, ya que fue un año especialmente prolífico, con 20 nacimientos, 10 niñas y 10 niños, cuando la media era de 12,5. Seguro que a la matrona de aquella época no se le olvidaría aquella primavera en la que atendió diez partos. Los nacidos en aquel año y sus casas de origen / residencia son los siguientes:

Los quintos de 1918 Terencia Sanz (derecha) y Gerardo Gayarre (sentado), en la imagen junto a Adriana Landa [Algarra] y Andresa Asín [Pelaire / Pantxo]

Purificación Landa Urzainqui [Arriola], Margarita Sanz Ornat [Ornat / Montxonena], Lucio Urzainqui Mainz [Artutx], Josefa Sanz Jimeno [Zinpintarna], Terencia Sanz Fuertes [Txantxolit], Prudencio Iriarte Rodrigo [Maizena], Felipa Ysabel Mainz Mainz [Refelna], N. Landa Ornat [Bomba], Antonino Ezquer Pérez [Landarna], Bernardino Jimeno Mendigacha [Llabari], Jacoba Iriarte Sanz [Iriarte], Robustiano Landa Arguedas [Arotx], Basílides Elizalde Sanz [Elizalde], Eusebio Urzainqui Urzainqui [Pantxo], Felisa Pasquel Ornat [Paskel], Micaela Mainz Landa [Landa], Gerardo Gayarre Necochea [Gaiarre], Clemente Sanz Sanz [Danielna], Dátiva Sanz De Miguel [Arlla] y Santiago Ornat Sanz [La Santa]. Sin embargo, y pese a ser varios de ellos primogénitos en sus familias, muy pocos de ellos terminaron siendo cabezas de familia en Vidángoz.

En cuanto a los difuntos, alguno más que la media (once en 1918 por ocho de media), seis adultos y cinco niños. Los adultos fueron Aquilino Antero Larrambe Urzainqui [Larranbe], Justa Ornat Juanco [Algarra], Francisca Arguedas Recalde [Arotx], Mariano Mendigacha Ornat [Mendigatxa], Basilio Carrica Iriarte [Izal / Varias casas / Pexenena] y Bernardo Rodrigo Usieto [Navascués / Maizena], y los menores fallecidos fueron Secundino Urzainqui Urzainqui [Pantxo], N. Landa Ornat [Algarra], Robustiano Landa Arguedas [Arotx], Ana Ornat Landa [Bomba] y Julia Ornat Sanz [La Santa].

Año movido, sobre todo en lo referente a los nacimientos, y cantidad de nombres de los que, particularmente los mayores, conoceréis a muchos aunque solo sea de oidas, pero también habrá más de uno del que no tendríais noticias. De todo tiene que haber…

Encontrado en Vidángoz un cráneo… ¿sin dueño?

Las ediciones digitales de Diario de Noticias y Diario de Navarra recogían ayer una noticia titulada “Investigan el hallazgo de un cráneo humano en el río Irati a su paso por Orbaizeta“.

Pues bien, salvando la distancia temporal, en Vidángoz hubo un caso similar que traté en 2014 en la charla-paseo “Vidángoz negro: muerte y delincuencia en nuestras calles“, de la que se publicó un pequeño cuaderno con diversas historias truculentas ocurridas en nuestro pueblo.

Plano que indica dónde está el término de Irasokoatea

Nos tenemos que remontar al año 1850, con la primavera recién estrenada (más o menos en la época en que nos encontramos), cuando un macabro hallazgo sacaba al pueblo de su letargo invernal: una calavera junto con diversas ropas habían aparecido en el término de Irasokoatea [al Norte de Olaberria; visto que se indica que era paraje abrupto, tal vez habría cogido el denominado camino de Azaltegia y se habría perdido en algún punto cerca de los Lexankos (o Amuluxanko según algunos estudios de toponimia)]. El primero en ser avisado ha sido el párroco, Don Ángel Urzainqui [Ferniando], quien dió cuenta de lo encontrado al alcalde, Tomás Hualde [Pelaire]. Éste fue el encargado de realizar las diligencias necesarias para tratar de identificar los restos.

Para realizar el reconocimiento se desplazaron hasta el lugar del suceso el alcalde, el cirujano D. Manuel Larequi [Burgui / Elizalde]) y cuatro testigos (Tomás Iriarte [Güesa / Iriarte], Pedro Miguel Fuertes [Lixalte], Vicente Zazu [Gallués / Pexenena] y Mariano Landa [Landa]). Levantó acta el escribano Manuel Nicolao [Anxelarna].

En el lugar del hallazgo, además de un montón de trocitos de ropa y demás, apareció un elemento que resultó fundamental para identificar al cadáver: “una caja de ojadelata usada y algo roñosa, dentro de ella un poco de polvo para narices, en cuya tapa tiene hecha a navaja la inscripción “Carrascón”, y debajo, en tinta, pone “Mi dueño”, y en un lateral pone en tinta Dn M y el resto de letras, que debieron de estar escritas, están borradas”. Aparecieron, además, otros elementos de la vestimenta que no eran los habituales: “un sombrero de copa muy fino y bastante usado, con cinta de seda alrededor; una capa anoquerada de buen paño, con cuello alto y bueltas de pana de color de botella; un bastoncillo blanco de fresno”.

Una calavera apareció en el monte de Vidángoz.

A juzgar por donde apareció el cadáver, dedujeron que el difunto se habría retirado al abrigo del lugar y habría muerto ahí mismo, sin fuerzas ni alimentos y tal vez perdido, ya que algo más arriba está el camino de alcorce de sierra de los valles de Roncal y Salazar. Concluyeron que debió de estar algo de tiempo porque parte de la hierba está más pisada y, por unos pelos encontrados en la roca donde habría estado sentado, que era canoso. La calavera “la habrían separado las fieras feroces que según las fuentes se conoce haber habido muchas. Los huesos se suponen también comidos por las fieras, o llevados con facilidad por alguna avenida de agua del barranco de Azaltegia”.

El molinero, Ramón Ainesa, declaró que conocía a un tal Carrascón de avanzada edad que era cirujano (más o menos lo que hoy denominaríamos practicante, o enfermero) en Jaurrieta cuando él estuvo de molinero en aquella villa, y que además, en noviembre, pasó un hijo suyo preguntando si habían visto a su padre, porque había salido de casa (en Izalzu) hacia Urzainqui, para buscar trabajo porque le habían despedido de Izalzu, le debió de atrapar un temporal de lluvia y nieve y no había vuelto. Algunos vecinos más (Vicente Zazu [Gallués / Pexenena] y  Pascual Garcés [La Herrera]) corroboraron lo dicho.

Declararon también los que tenían propiedades cerca del lugar del hallazgo (José Anaut [Inigizena] y Pedro Miguel Fuertes [Fuertes / Lixalte]), que indicaron que no habían estado allí desde septiembre hasta una semana antes del hallazgo, y que “ignoran que nadie haya podido estar en un lugar tan distante y retirado”.

Las unaiak, las boyeras, declararon no haber visto a nadie.

Para cerrar el círculo de interrogatorios, les tocó el turno a las boyeras (unaiak) que andaban cerca del término: Ignacia Monzón [Txestas / Arguedas], que había estado todo el mes de Marzo en una borda que tienen en Irasokoatea, cuidando sus vacas, Manuela Sanz [Bernabé] y Sevastiana Navarro [Danielna], que todo el mes de Marzo había estado en la borda de su amo Diego Pérez [Diego] en la jurisdicción de Irasokoatea y por los días apacentaba sus vacunos o los de su amo. Ninguna había visto a nadie salvo a ellas mismas durante esos días.

Se enterró provisionalmente su cráneo en el cementerio de Vidángoz con una marca a la espera de que lo reclamasen.

Finalmente, las declaraciones de varios testigos de Izalzu indicaron que solía vestir con la ropa encontrada en Irasokoatea y que su estado de alimentación era malo porque era pobre miserable. Así pues, pese a que la viuda dice que su marido no vestía esa ropa, como negándose a aceptar lo inevitable, parece que el tema quedó aclarado y que el viejo cirujano Manuel Carrascón salió de Izalzu hacia Urzainqui por el puerto, le pilló el temporal, trató de refugiarse, se perdió, murió de frío y hambre, y los lobos dieron cuenta de su cuerpo.

No sabemos cómo acabará la historia que hay detrás de la noticia, pero seguro que el tema no tiene mucho que ver con lo ocurrido en Vidángoz hace más de siglo y medio…

El Anuario del Comercio y la Industria de 1915

Cuando nos ponemos a investigar en el pasado de Vidángoz es relativamente fácil encontrar que tal o cual persona realizaba un oficio o cargo determinado. Incluso para los últimos 100 años podríamos saber la mayoría de los oficios no habituales, entendiendo con esto los que no eran ganaderos, agricultores o almadieros.

Pero hay veces que necesitamos saber en un momento preciso de la historia quiénes ostentaban determinados cargos, quiénes se encargaban de unos trabajos concretos, etc… y eso no siempre es posible.

El caso que nos ocupa en esta ocasión es el Anuario del Comercio y la Industria de 1915, donde, además de los que desempeñaban las distintas actividades económicas de nuestro pueblo, aparecen también varios cargos públicos.

Las 17 personas que se mencionan en el documento son las siguientes:

  • Fernando Aizagar Arnalda (Longás [Aragón] / Aizagar) tenía el oficio de carpintero, pero en aquel momento, además, desempeñaba el cargo de juez municipal;
  • Víctor Elizalde Ederra (Isaba / Elizalde) compaginaba los trabajos de carpintero con el trabajo de molinero;
  • Sebastián Fuertes Sanz (Xapatero) figura como maestro albañil y cantero;
  • Bernardo Goyena Aznárez (Oronz / La Herrera) era el herrero;
  • Ausencio Jiménez (¿¿¿??? / Vicaría), el párroco;
  • Luis Mainz Villanueva (Navarro) consta como uno de los propietarios principales;
  • Pedro Antonio Mayo Landa (Uztárroz / Rakax) es otro de los propietarios principales;
  • Marcelino Ornat Jimeno (Ornat / La Santa) figura como maestro de albañil;
  • Eusebio Pérez Urzainqui (Diego) era otro de los propietarios principales;
  • Fermín Pérez Artieda (Paxapan / Txestas) aparece como cantero [albañil];
  • Modesto Pérez Sanz (Laskorna / Landarna) ejercía de cartero (de correo);
  • Cecilio Sanz Hualde (Landarna / Santxena), además de propietario principal, figura como dueño de una posada y de una abacería (tienda donde se venden al por menor aceite, vinagre, legumbres secas, bacalao, etc…);
  • Evaristo Urzainqui Salvoch (Lengorna) ejercía de fiscal municipal;
  • Martín Urzainqui Gárate (Ferniando) completaba el grupo de los propietarios principales;
  • Miguel Urzainqui Arguedas (Arguedas / Artutx) portaba la vara de alcalde en aquel año 1915;
  • Francisco Zubiri Izal (Ezcároz / tal vez La Herrera, o parte de casa Iriarte) ejercía de secretario del ayuntamiento y también del juzgado municipal;
  • Mamesa Zurita Carrión (Estepiñán [Huesca] / Secretario) era la maestra para ambos sexos de la escuela nacional;
Portada del Anuario de 1915 de La Rioja

Portada del Anuario de 1915 de La Rioja

De todo lo que acabamos de leer se pueden realizar varias apreciaciones: Salvo en el caso de los albañiles/canteros, parece todos los “profesionales liberales” venían de fuera: los carpinteros no eran naturales de Vidángoz, el herrero tampoco, ni el molinero, ni el secretario, ni la maestra… es algo que, hasta hace 100 años era relativamente habitual, y que en ese momento estaba empezando a cambiar (posteriormente hubo carpinteros, molineros, maestras, etc… de Vidángoz).

Por otro lado, resulta cuanto menos curiosa la mención que se hace a los propietarios principales, señalando, al parecer, a los que más tierras y ganado tenían. No obstante, las 4 de las 5 casas mencionadas (Navarro, Rakax, Santxena y Ferniando) ya eran 4 de las 5 casas más pudientes en Vidángoz 32 años antes, en 1883, y parece que mantenían poderío, que les venía principalmente de la posesión de grandes ganados. El caso de casa Diego no está claro que fuera así, ya que aunque en 1883 estaba bien colocada en la clasificación económica de casas de Vidángoz (8ª), era la primera de las casas que no tenían ganado en aquel momento. En 1915 parece que la casa no vivía del ganado (Severo Pérez Arriola, hijo del mencionado Eusebio que heredó la casa, ejerció principalmente de almadiero durante su vida), si bien en otros momentos de la historia también se había quitado el ganado en la casa y luego se había vuelto a poner.

En casa Santxena ya en aquel entonces se podía hacer la compra y dormir y, aunque no se menciona, seguramente también sería el estanco y funcionaría como taberna, siendo un centro social importante.

Por último, y como curiosidad, señalar que en la actualmente conocida como casa del Secretario no vivía el que ejercía ese cargo, sino la maestra con su familia. El secretario municipal residía, seguramente compartiendo casa, en casa Iriarte, casa Elizalde o casa de La Herrera.

Bueno, pues aquí queda esta curiosa radiografía del Vidángoz de hace un siglo.

La quinta de 1915

La quinta de los nacidos hace ahora un siglo fue algo menos que su predecesora, que la de 1914. Tal vez esto se debiera al influjo indirecto del inicio de la I Guerra Mundial, que, aunque no tuvo efectos directos en nuestra tierra, de manera indirecta seguramente se notaría el hecho de que 15 kilómetros al norte se encontraran en la, hasta entonces, guerra más sangrienta jamás conocida.

De este modo, en 1915 nacieron en Vidángoz 10 niños/as, cuyos nombres pasamos a listar a continuación, asociándolos con su casa natal y, si es caso, la casa a la que pasaron posteriormente:

Ángel Sanz Urzainqui (Arguedas);

Felipe Artuch Jimeno (Largotena);

Ciriaco Landa Urzainqui (Arriola);

Nicolasa Landa Arguedas (Arotx);

Pascual Urzainqui Hualde (Lengorna);

Elena Pérez Goyeneche (Diego);

Miguel Pérez Goyeneche (Diego);

Esperanza Salvoch Artuch (Anarna);

Sabina Iriarte Sanz (Iriarte/Kurllo);

Dominica Mainz Mainz (Refelna / Dominica);

Una quinta en la que hubo un par de primogénitos (Ángel Sanz y Felipe Artuch), dos “últimas hermanas” (Nicolasa Landa y Esperanza Salvoch) y una pareja de mellizos (Elena y Miguel Pérez) en casa Diego, cosa que tampoco era tan habitual en aquellos tiempos. Tampoco era fácil que una pareja de mellizos saliera adelante y, en este caso, Miguel se quedó por el camino con 4 meses y, aunque Elena salió adelante, murió con apenas 6 años. Ciriaco Landa justamente pasó de los 2 años y también falleció de niño.

De estos quintos, tampoco tuvo demasiada suerte Pascual Urzainqui Hualde, que murió en combate en la guerra civil con tan solo 21 años.

¡Traen prisioneros! (1939)

Hace 75 años, hacía casi cinco meses que la última guerra civil había terminado. Bueno, para ser más precisos, y siguiendo al pie de la letra lo que señalaba el último parte de guerra, “han alcanzado las Tropas Nacionales sus últimos objetivos militares”. Pues eso, los objetivos militares, pero aún quedaban otros objetivos por conseguir.

Mapa de la carretera Igal-Vidángoz-Roncal que hicieron los prisioneros (Fuente: "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006))

Mapa de la carretera Igal-Vidángoz-Roncal que hicieron los prisioneros (Fuente: "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006))

Terminada la guerra el régimen decidió que los perdedores de la guerra, y por tanto “desafectos al régimen”, habían de ser los responsables de la “reconstrucción del país que ellos mismos habían destruido con la dinamita”, tal y como rezaba la propaganda franquista.

Así, aquel verano de 1939 llegaron a Roncal los primeros camiones cargados de prisioneros que integrados en los Batallones de Trabajadores, en otoño parte de aquel contingente llegó a Vidángoz y poco después, parte del mismo pasó a Igal. Todos ellos con la misión de “abrir la caja”, esto es, de excavar a pico y pala, el trazado de la carretera que había de unir los tres pueblos mencionados.

 

Monolito en homenaje a los esclavos del franquismo colocado en el Alto de Igal, entre Igal y Vidángoz (esculpido por Xabier De Zerio)Monolito en homenaje a los esclavos del franquismo colocado en el Alto de Igal, entre Igal y Vidángoz (esculpido por Xabier De Zerio)

Monolito en homenaje a los esclavos del franquismo colocado en el Alto de Igal, entre Igal y Vidángoz (esculpido por Xabier De Zerio)

El proyecto era algo largamente anhelado por los bidangoztarras, que ya lo habían solicitado anteriormente sin éxito y que, en su momento, había resultado menos prioritaria que la que llevaba a Burgui, realizada en la década de 1910. No obstante, ya en aquel momento hubo división de opiniones sobre qué carretera hacer primero, y tomada la decisión, sus detractores inventaron la siguiente copla: “Carretera de Vidángoz, carretera mal pensada: los de Txestas a Baraku y los de Burgui a Sagarraga”.

 

En cualquier caso, y viendo cercano el final de la guerra, a finales de marzo de 1939 el entonces alcalde de Vidángoz, Pedro Salvoch Salvoch (Salbotx /Calderero), aprovechó para insistir al gobierno con el proyecto. Dado que este tipo de infraestructuras en zonas cercanas a la frontera habían de ser aprobadas por el Ministerio de Guerra, recalcó en su misiva la importancia que el proyecto tendría en el aspecto defensivo, al permitir unir tres valles (los de los ríos Salazar, Binies y Esca) en una línea paralela a la frontera francesa y distante apenas 20 kilómetros de ésta.

Seguramente la decisión de construir la carretera ya estaría tomada, pero, por si acaso, el alcalde hizo su petición. Y sea como fuere, aquel otoño de 1939 llegaron una pila de “trabajadores”, un montón de prisioneros que serían usados como esclavos. Ellos y un montón de militarles que habrían de vigilarlos.

Portada del libro "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006), imprescindible para conocer este episodio de nuestra historia.

Portada del libro "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006), imprescindible para conocer este episodio de nuestra historia.

Pero lo que ni el alcalde ni ningún bidangoztarra había calculado era la magnitud del impacto que aquella obra iba a tener en la vida del pueblo, que vio duplicada su población (de 300 a 600 o 700 habitantes según las fuentes) en aquellos años de posguerra. Al contrario que en Roncal o en Igal, donde los prisioneros se alojaban en barracones fuera del pueblo, en Vidángoz los prisioneros convivían con los habitantes, ocupando tres casas contiguas que se encontraban deshabitadas en el momento de su llegada: casa Aizagar, casa Laskorna y casa Bortiri. Curiosamente, y como si se tratara de bajar más la moral al prisionero, las tres casas se encuentran en la calle Salsipuedes, como si se les estuviera retando. Los mandos, por su parte, ocuparon otras casas que también se encontraban libres en aquel momento, entre las que podemos citar casa Iriarte o casa Matxin, si bien seguro que hubo más.

En los primeros meses la disciplina con los prisioneros era férrea, con duros escarmientos e incluso la muerte para los que intentaban escapar (hubo al menos 3 muertos por este motivo en Vidángoz), y hubo escaso contacto con la población. El hacinamiento de los prisioneros en las tres casas de la calle Salsipuedes, las extenuantes jornadas de trabajo bajo las duras condiciones climáticas de nuestro entorno, agravadas por la pésima alimentación recibida, consecuencia en gran parte de la corrupción existente entre los militares, hacían de aquello un auténtico campo de concentración.

La pareja formada por el prisionero José Antonio Martínez Beitia y la bidangoztar Natividad Ezquer Pérez (ambos en la parte superior izquierda de la imagen) es una de las huellas de aquella época  (Fuente: "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006))

La pareja formada por el prisionero José Antonio Martínez Beitia y la bidangoztar Natividad Ezquer Pérez (ambos en la parte superior izquierda de la imagen) es una de las huellas de aquella época (Fuente: "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006))

En 1940 cambió el Batallón de Trabajadores, la disciplina se fue relajando ligeramente y el contacto con los bidangoztarras aumentó, despertando así también la solidaridad de algunos de ellos.

En el verano de 1941 los Batallones Disciplinarios de Trabajadores dejaron Vidángoz y la “caja” de la carretera ya abierta, carretera que habría de completarse en los años siguientes con el trabajo de jóvenes que realizaban el servicio militar de esta manera.

Del paso de estos prisioneros y de los militares por Vidángoz, de aquellos casi dos años, quedaron huellas: por un lado, la boda entre el prisionero José Antonio Martínez Beitia (Bilbao, Bizkaia) y la bidangoztar Natividad Ezquer Pérez (Landarna) (imagen junto a estas líneas); por otro lado, la boda entre el soldado Francisco González Zapico (Ciaño, Asturias) con la bidangoztar Patrocinio Sanz Hualde (José María).

En recuerdo de aquellos prisioneros, la asociación Memoriaren Bideak realiza desde 2004 un homenaje anual en el mes de junio en el alto de Igal (junto al monolito que aparece en la foto, obra del bidangoztar Xabier De Zerio).

Para conocer a fondo este tema, imprescindible el libro “Esclavos del franquismo en el Pirineo: La carretera Igal-Vidángoz-Roncal”, de Fernando Mendiola y Edurne Beaumont (Txalaparta, 2006) y los documentales “Desafectos: Esclavos de Franco en el Pirineo”, de la asociación Memoriaren Bideak (Eguzki bideoak, 2007), y Al enemigo, ni agua” (EITB, 2011).

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