Posts Tagged ‘Casa Inigizena’

Vidángoz en el Libro de Fuegos de 1366

El Libro de Fuegos de 1366 da cuenta de los 30 vecinos (propietarios) que vivían en Vidángoz. La cifra, que nos puede resultar escasa, duplica los 15 fuegos o familias que había en el pueblo tan solo 16 años antes.

El Libro de Fuegos de 1366 [Fuente: Archivo General de Navarra]

El Libro de Fuegos de 1366 [Fuente: Archivo General de Navarra]

¿Qué pasó para que el pueblo duplicara su población? Bueno, la pregunta en realidad tiene trampa. No es que el pueblo estuviera experimentando un crecimiento sin precedentes. La cuestión es que el anterior Libro de Fuegos se realizó en 1350, solo 2 años después de la primera gran epidemia de peste negra (1348), una catástrofe demográfica que según algunas hipótesis pudo acabar con el 60% de la población navarra. No sabemos cuánta gente viviría en Vidángoz antes de aquel desastre ni cuantos murieron o escaparon a otro lugar que creyeron más seguro, pero lo que queda claro es que se recuperaron del golpe relativamente rápido.

Ya entre aquellos 30 cabezas de familia, de los que se señala que son todos labradores y no hay hidalgos (la hidalguía colectiva le fue concedida al Valle de Roncal en 1412), encontramos algunos apellidos que se nos hacen conocidos, como Cambra, Hualde, Mancho, Yeneguiz (en Vidángoz había casa Ynigizena), Landa…

El pueblo debió de seguir creciendo durante el siguiente siglo y medio, para después estabilizarse y mantenerse prácticamente con el mismo tamaño durante los cinco siglos siguientes, esto es, en torno a 70 casas.

Casa Xoko

Cerramos esta cuarta vuelta sobre las casas de Vidángoz en casa Xoko, situada en el barrio de Egullorre, en la calle que en su día se llamaba San Pedro, si bien hoy el nombre de la vía ha cambiado y es San Pablo.

Casa Xoko tras el incendio (Diario de Navarra, 16/06/2005)

Casa Xoko tras el incendio (Diario de Navarra, 16/06/2005)

La casa está actualmente reconstruida como consecuencia del incendio que la devastó en junio de 2005, hace 10 años por estas fechas, cuando no quedaron más que las paredes exteriores.

Para entonces la casa llevaba más de 30 años deshabitada. De hecho, gracias a una anotación de Don Nicolás, sabemos la fecha exacta en la que la última familia que residió en esta casa decidió “cerrarla”: el 7 de octubre de 1974. Aquel día de otoño el matrimonio formado por Marino Juanco Pérez (Paxapan / Xoko) y Capitolina Aldunate (Ujué) y su hija Clara Isabel, de 22 años, decidieron seguir el camino que ya habían tomado muchos de sus vecinos y dejaron Vidángoz. El hijo mayor de la pareja, Jesús María, que entonces contaba 24 años, había tomado los hábitos de capuchino y ya residía en Pamplona, y teniendo Clara Isabel 22 años, debieron de pensar que era el momento de mirar hacia un futuro que no veían en el pueblo. Pero esta familia no era originaria de la casa, sino que llegaron a ella al casarse Marino y la Capi en junio de 1949. Entonces, ¿quién vivía en la casa anteriormente y qué fue de ellos?

Ruta similar a la que habrían hecho los bidankoztarras que emigraron a Argentina

Ruta similar a la que habrían hecho los bidankoztarras que emigraron a Argentina

Pues la familia que habitaba la casa con anterioridad, que era la originaria de la misma, la había dejado poco tiempo antes, a mediados de la primavera de 1949, cuando tomaron en Bilbao el barco Entre Ríos con destino a Argentina, llegando a Buenos Aires el 20 de mayo de ese mismo año. Se trata de la familia Rodrigo Urzainqui, y como últimos habitantes de la casa constan Simona Urzainqui Fuertes (viuda de Florencio Rodrigo Mendigatxa [Maizena /  Xoko]), y sus sobrinas/hijastras e hija (ya que, aunque tienen los mismos apellidos, algunas eran hijas del matrimonio entre Florencio y Braulia Urzainqui Fuertes, hermana de Simona), Valeria Rodrigo Urzainqui, Dolores Rodrigo Urzainqui, Filomena Rodrigo Urzainqui, Rufina Rodrigo Urzainqui y María Ángela Rodrigo Urzainqui, que contaban entonces entre 29 y 11 años.

De 1949 hacia atrás, la historia de esta casa está durante cierto tiempo ligada a la emigración a Argentina, y es que, el que fuera cabeza de familia de las Rodrigo Urzainqui, Florencio, realizó al menos dos viajes al nuevo mundo y, al parecer, hizo las américas. Sabemos que Florencio tomó un primer barco hacia Argentina en 1905, probablemente su primer viaje, cuando tenía 25 años. Y sabemos que, tras casarse con Braulia Urzainqui Fuertes en Vidángoz en 1919, volvió junto con su esposa al otro lado del charco donde nacieron, al menos, tres de sus hijos, de nombres Valeria, Ceferino y Juana, muriendo estos dos últimos cuando la pareja ya había vuelto definitivamente a Vidángoz, hacia 1925.

Barco en el que viajó en 1905 Florencio Rodrigo a Argentina, similar al que habrían usado los demás que "cruzaron el charco"

Barco en el que viajó en 1905 Florencio Rodrigo a Argentina, similar al que habrían usado los demás que «cruzaron el charco»

Estuvieron unos años en Vidángoz, donde nacieron Dolores, Filomena y Rufina y, al mismo tiempo, murieron Ceferino y Juana. El matrimonio y sus hijos cambiaron su residencia a Pamplona (donde tuvieron al menos otro hijo, José Miguel, que murió en Vidángoz en 1938, con 4 años de edad) probablemente en 1930, y allí permanecieron hasta que, la guerra civil por un lado y la muerte de Braulia por otro, hicieron que la familia volviera a Vidángoz, donde Florencio volvió a casarse con Simona, la hermana de su difunta esposa, con quien aún tuvo otra hija, Mª Ángela.

Casa Xoko, poco antes de quemarse (Foto: Xabier de Zerio, 2004)

Casa Xoko, poco antes de quemarse (Foto: Xabier de Zerio, 2004)

Pero Florencio y Braulia no fueron los únicos de Xoko en emigrar. De casa Xoko también emigraron, al menos, tres hermanos de Braulia y Simona, llamados Narciso, Juan y Andrés. Narciso Urzainqui Fuertes sabemos que partió en 1922 y, al igual que los demás americanos de casa Xoko (y que varios bidankoztarras más), también se estableció en Bahía Blanca, aunque ahí se le pierde la pista. De Juan Urzainqui Fuertes sabemos que incluso llegó a casarse en Bahía Blanca en 1935 con Ángela Urra Urrutia, seguramente hija de emigrantes navarros. Y de Andrés, aunque no hay datos, fuentes familiares indican que también emigró y se instaló en Buenos Aires, donde se casó y tuvo descendencia.

En las generaciones anteriores a ésta, es posible que también alguno emigrara, si bien no he podido confirmarlo hasta la fecha. De ser así, tal vez aquellos primeros emigrantes habrían servido de referencia a los que posteriormente decidieron hacer la maleta y cruzar el charco.

1944 - Los maquis hicieron que casa Xoko se convirtiera en un escondite improvisado

1944 – Los maquis hicieron que casa Xoko se convirtiera en un escondite improvisado

Para terminar con la historia de la casa, y relacionado con el edificio propiamente, una anécdota que nos lleva al otoño de 1944. En aquellos días los maquis, la guerrilla antifranquista, habían penetrado por diversos puntos de los Pirineos y, un día en concreto, la llegada de los maquis a Vidángoz parecía inminente. Tanto era así, que varias decenas de bidankoztarras cogieron alguna cosa de valor que pudieran tener y marcharon a casa Xoko a esconderse. ¿Y por qué a esa casa? Pues porque en ella existía la trampa, un habitáculo oculto bajo el suelo de la cuadra que no encontraría alguien que no conociera la casa. Finalmente los maquis no llegaron, pero la anécdota queda ahí.

En cuanto al nombre, es creencia común (y tal vez cierto, aunque dejaré ver alguna duda) que se llama casa Xoko debido a su ubicación original, en el txoko, en el rincón que formaban casa Montes, la propia casa Xoko y la actual casa Elizarena (casa Paxapan antigua). Podría ser, y tendría sentido… pero, por un lado, la evolución fonética del nombre, con esa pronunciación “x” al inicio, como en Monxon o en Xapatero, indicaría que más que de txoko, provendría de Zoko, tal vez por alguien que llevara ese apellido o por un mote. Y por otro lado, y ahondando en esa segunda posibilidad, hay en el Archivo General de Navarra un proceso fechado en 1830 que enfrenta a “Santiago Sanz, dueño de la casa Zoco” contra “Pascual Anaut, dueño de la casa Neguicena” (Inigizena, actual casa Peña). Y ahí tenemos el Zoko otra vez.

Sea como fuere, casa Xoko, otra casa con su historia y sus curiosidades.

Riqueza agraria de Vidángoz en 1613

Por estas fechas pero hace 4 siglos, el 16 de septiembre de 1613, llegaba a Vidángoz un escribano real (un notario de la época) enviado por el Reyno con objeto de conocer y tomar nota de las tierras y ganados que poseía cada vecino y el valor de las mismas. Todo ello a efectos de posteriores impuestos, que era lo único que interesaba (para variar) a los mandatarios del momento. Otro emisario había pasado el año anterior, en 1612, dando cuenta del valor de las casas que tenía cada vecino del pueblo. Y en esta ocasión, tocaba sacar cuentas de la riqueza agraria (tierras y ganados) de Vidángoz, con lo que podemos hacernos una idea de cómo y de qué vivían los bidangoztarras 400 años atrás.

Rebaño de ovejas en Vidángoz (Arguedas)

Rebaño de ovejas en Vidángoz (Arguedas)

Y es que, hace cuatro siglos Vidángoz ya contaba con 72 casas y, casa arriba casa abajo, el número ha permanecido prácticamente inalterado hasta hace un par de décadas. Por ello, los que han conocido Vidángoz con casi todas sus casas llenas podrán comparar si desde 1613 el modo de vida había cambiado mucho.

Si bien hay unas diferencias abismales entre la casa más pudiente y la menos, intentaré dar unos datos generales sobre aquello. Quien más quien menos, hace 4 siglos todas las casas de Vidángoz tenían sus tierras para trabajar, siendo la superficie media de 21 robadas, algo menos de dos hectáreas. Casi 3 de cada 4 casas tenían un animal de tiro o de carga (un rocín, que es un caballo de trabajo, o un macho (mulo) o un jumento (que es como denominan en aquel documento a los burros)) y una vaca. Casi en el 50 % de ellas había un buey y también la mitad de las casas tenía ganado lanar, esto es, ovejas, con una media de 84 ovejas y 43 corderos por rebaño. Además, casi en todas las casas había algún marranchón, puerco o lechón, esto es, un cerdo. En cuanto a las cabras, solo las había en una de cada 6 casas y solo había una casa que tenía un rebaño grande de este tipo, de 72 cabras.

En total en Vidángoz había 1.540 robadas de tierra, 30 rocines, 17 yeguas, 7 potrillos, 15 machos, 3 mulas, 14 jumentos, 47 bueyes, 83 vacas, 41 becerras y 12 novillos, 3.115 ovejas, 1.509 corderos, 110 cabras, 13 cabritos, 100 cerdos y 25 lechones.

270 años después, en el catastro de 1883, las cifras no eran muy diferentes: 13 machos (caballos en este caso), 21 mulos,  34 jumentos, 55 bueyes, 127 vacas, 70 cerreros, 61 terneros, 2.854 ovejas, 1.476 corderos, 15 cabras, 2 cabritos y 51 cerdos.

Parece que con el tiempo hubo menos caballos pero más burros, más vacas pero menos cabras, casi las mismas ovejas y la mitad de cerdos. Los datos de 1883 pueden ser engañosos, porque el pueblo todavía no se habría recuperado de la 2ª Guerra Carlista, que terminó en 1876, pero nos podemos hacer una idea de lo poco que cambió el modo de vida en esos casi 3 siglos. Uno de los pocos cambios, aunque debió de ser notorio, fue el aumento de la actividad del sector de la madera, con el auge de las almadías a partir del siglo XVIII.

Arando con un buey

Arando con un buey

Para acabar con el documento de 1613, un par de apuntes: Como ya se ha señalado, había grandes diferencias entre los distintos propietarios. Así, el mayor rebaño era de 450 ovejas y 300 corderos. “Casualmente” el dueño del mismo era el alcalde y va entrecomillado porque no era casual, ya que, como se indica en el documento, la corporación respondía con sus bienes de lo que pudiera pasar con las propiedades comunes, luego cualquiera no reunía esa condición.

Por otro lado, se pone de relieve que la situación de las mujeres solas (bien viudas, bien solteras) era muy precaria en aquella sociedad. Así, de 13 mujeres que figuran como viudas, doncellas (mozas solteras) o de quienes no se indica que sean esposas de alguien (luego es bastante probable que fueran solteras), sólo una posee una riqueza por encima de la media y otra anda en el entorno de la misma. De las otras 11, una algo por debajo de dicha riqueza media y las otras diez no disponían ni de ¼ parte de la riqueza media, por lo que eran prácticamente las 10 vecinas más pobres del pueblo.

Por último, una mención a algunos de los apellidos que aparecen en el documento de 1613. Algunos se mantienen en Vidángoz 400 años después (Pérez, Salboch, Sanz, Urzainqui, Mainz, o Hugalde/Hualde), otros no aunque han dejado huella como nombre de casa (Yñiguez/Iniguizena, Luengo/Lengorna, Aroça/Arotx, Racax, Algarra o Mazterra/Maisterra), otros desaparecieron entre 1613 y el presente, pero tuvieron su relevancia entre medio (Alcate/Alcat, Portaz, Unaia o Bertol) y otros simplemente, que existieron en Vidángoz y desaparecieron sin dejar rastro (Adamiz, Ripalda, Ayssa, Gárate, Garcech, Mendi, Guillén, Çamarguilea, Esparça/Esparz, Torrea o Arregui).

Parece, pues, que hasta unas décadas el panorama no cambió mucho. ¡Si es que 3 siglos y medio no son nada!

Powered by WordPress | Buy best wordpress themes and Save. | Thanks to Free WordPress Themes, Top WordPress Themes and Free WordPress Themes