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Casa Montes / Casa Garín

En esta ocasión la casa que nos ocupa, llamada en sus últimos tiempos casa Montes, ya no existe, sólo queda su solar al lado de casa Xoko, en la antigua calle de San Pedro del barrio de Egullorre, aunque en la foto que acompaña a este artículo, que data del año 1958, podemos ver parcialmente cómo era. Si no es la única imagen de la casa que hay, sí que seguramente será la última antes de que fuera demolida. Y es que la foto corresponde al día de la doble boda de los hermanos Venancio y Trinidad Montes Fuertes, que se celebró el mismo día.

Casa Montes en 1958.

Día de boda en casa Montes, en 1958.

La familia Montes Fuertes fue la última en residir en esta casa. Posteriormente, y antes de su demolición fue utilizada un breve espacio de tiempo por la Cooperativa Textil de Vidángoz, que posteriormente se trasladaría a casa Malkorna.

Antes de los Montes Fuertes, a finales de la década de 1910 y principios de la de 1920 y por un breve espacio de tiempo, ocupó la casa la familia Jimeno Mendigacha. Realmente la casa la ocuparon Amalia Mendigacha Mainz (Bernabé) y sus hijos, Irene y Bernardino. El marido de Amalia, Doroteo Jimeno (Llabari), por lo que indican los libros de matrículas, estaba ausente, no sabemos si emigrado a América o en Francia o dónde, el caso es que en Vidángoz no estaba.

Como se puede ver, ninguno de los cónyuges de esta pareja era natural de la casa. Entonces, ¿cómo “cayeron” a esta casa? Porque la familia, en principio, residía en casa Llabari. Y aquí llega la parte oscura de la historia de esta casa. La familia Jimeno Mendigacha compró la casa a principios de 1918 a Jacinto Garín Benedet, antiguo propietario de la casa y de quien hablaremos posteriormente. Jacinto era ya un anciano viudo que se había quedado solo en Vidángoz (sus hijas estaban fuera) y, vista su situación, decidió vender la casa para irse a terminar sus días a las Hermanitas de los Pobres de Pamplona. Hasta aquí normal.

El caso es que, cuando Jacinto iba a ir a Pamplona a “hacer algún negocio” o simplemente a negociar su ingreso en las “Hermanitas” a cambio de una especie de “dote”, y para evitar que le robaran o que perdiera el dinero por el camino, le dio las mil pesetas que había de llevar junto con una camisa a Amalia Mendigacha, que acababa de comprar su casa, para que cosiera el bolsillo en el que iba a llevar el dinero, de tal forma que quedara cerrado. Y el pobre Jacinto llegó a Pamplona, fue a sacar el dinero… Y allí no había nada más que papel de periódicos. Luego vino el juicio y demás, pero esto lo dejaremos para otra ocasión. El caso es que, a resultas de esto, el matrimonio Jimeno Mendigacha perdió media casa (la que correspondía a Amalia Mendigacha como bienes gananciales), pero aun así, la madre y sus dos hijos vivieron en la casa entre 1919 y 1921, año en que murió Amalia con tan solo 32 años.

Después de esta truculenta historia, volvemos a  la sucesión de la casa. Decíamos que el anterior dueño había sido Jacinto Garín Benedet, que era natural de Pintano (Aragón), aunque casado con una bidangoztarra, Francisca Pascualena Salvoch (Aizagar/Garín). Es por este Jacinto que la casa, antes de ser conocida como casa Montes era denominada casa Garín. La familia Garín Pascualena aparece en las matrículas parroquiales como habitante de esta casa desde 1892. Antes de esa fecha, y al menos desde 1861, la casa no figura como habitada.

De ese periodo anterior, y no sabiendo cuándo se construyó la casa, aunque parece que es una casa relativamente nueva, solo nos queda en forma de pista su nombre antiguo, que mencionaban tanto Crisanto Pasquel (Paskel) como Valentina Landa (Arriola/Landarna/Llabari): casa Murri. El nombre se debería a al apodo que tendría algún habitante de la casa, no sabemos si el propio Jacinto Garín o alguno anterior. Sea como fuere “murri” significa en euskera “escaso”, con lo cual tal vez aquel al que llamaban “murri” sería lo que hoy diríamos un “miserias”, uno que siempre anda intentando usar/gastar lo mínimo posible.

Casa Montes, casa Garín o casa Murri, otra casa con historia.

Casa Malkorna

Cerramos la segunda vuelta de nombres de casas en barrio de Egullorre, y es el turno de casa Malkorna, cuya historia es algo diferente a la mayoría de las casas de Vidángoz. Y es que casa Malkorna ha tenido muchas idas y venidas en, al menos, estos últimos dos siglos.

Aspecto actual de casa Malkorna (2013)

Aspecto actual de casa Malkorna (2013)

Pero empecemos por el nombre, que también en eso la casa parece ciertamente distinto al resto de casas de Vidángoz, ya que parece que no hace referencia al nombre del propietario en alguna época. Y es que, la hipótesis más lógica, sería que el nombre viniera de “malkor” (peña) + “-na” (sufijo posesivo), con lo cual vendría a significar “la (casa) de la peña”, ya que la casa está asentada encima de una peña. Otra acepción propone para “malkor” el significado “precipicio”, que, tal vez, tampoco sería descartable.

El caso es que, de ser éste su origen, no acabaría de coincidir con la regla general a la hora de nombrar las casas de Vidángoz en Euskera. Me explico: los nombres de casa que acaban en –RNA (Landarna, Lengorna, Hualderna) tienen esa terminación porque el nombre al que se unen (Landa, Lengo, Hualde) termina en vocal. Si atendemos a esta regla, el nombre Malkorna provendría de “Malko”, que en Euskera significa “lágrima” y que, en este sentido, solo tendría sentido como apodo de uno de los antiguos habitantes de la casa.

En mi opinión, la explicación más probable es la primera, y, por algún motivo, no sigue la norma general. Tal vez inicialmente se llamaba Malkorrana o Malkorrena y la pronunciación popular se encargó de recortarlo.

Y vamos ahora con lo referente a la historia más o menos reciente de casa Malkorna. Esta casa es de las pocas que prácticamente no ha estado habitada continuamente en los últimos 100 años, y es probable que la situación venga de antiguo, como se podrá comprobar con los comentarios siguientes.

Y es que, hace pocos años, casa Malkorna fue reconstruida por los hermanos Juan Ignacio, Jesús y Joaquín María Sanz Iriarte (Txantxolit) dando lugar a tres viviendas.

Exterior de casa Malkorna en su etapa de matadero municipal

Exterior de casa Malkorna en su etapa de matadero municipal

Antes, a finales de la década de 1960 y durante la de 1970, casa Malkorna fue sede de la Cooperativa Textil de Vidángoz, ya que, por aquel entonces, el edificio era propiedad del ayuntamiento.

Pocos años antes, en 1963, el ayuntamiento de Vidángoz había construido en el solar de casa Malkorna el matadero municipal, edificio que había de sustituir a su antecesor, que estaba situado en la especie de plaza que queda entre casa Pexenena, Lixalte e Iturriondo, y que desapareció con las obras de construcción de la travesía, de la carretera que atraviesa Vidángoz (hasta entonces solo llegaba hasta la “puerta Santxena”), en los años 50. Pero apenas se usó como matadero.

Recorte del Diario de Navarra del 19/02/1933

Recorte del Diario de Navarra del 19/02/1933

Con anterioridad a su adquisición por parte del ayuntamiento, casa Malkorna se incendió en febrero de 1933 y quedó como se ve en la imagen. Trinidad Montes Fuertes (Montes/Hualderna), que en el momento del fuego contaba entonces cerca de 4 años, recordaba cómo el balcón de casa Montes, ya desaparecida y situada prácticamente en frente, se llenó de gente que veía arder, impotente, la casa vecina.

En el recorte de prensa que informa del suceso, ya se da noticia de que la casa llevaba mucho tiempo deshabitada y en el momento del incendio era utilizada como pajar. Su propietario en aquel entonces, Ramón Aizagar, residía en Jaurrieta.

Así quedó casa Malkorna tras el incendio de 1933

Así quedó casa Malkorna tras el incendio de 1933

Y antes del incendio, parece que estuvo deshabitada, al menos, desde 1861, año en el que se empiezan a registrar las matrículas parroquiales (la lista de almas que habitan Vidángoz).

De lo que ocurrió con anterioridad, hay que hacer hipótesis. El último en habitar la casa que heredó fue Juan Miguel Hualde Mayo, que se casó con Francisca Escolástica Pérez Garde (Diego) y llegaron a tener dos hijos en Vidángoz. En el mismo año en que nació el segundo de ellos, 1846, murió el padre de Juan Miguel Hualde, Pedro Fermín Hualde Urzainqui (Malkorna) y es probable que en ese mismo año o en el siguiente se marchara de Vidángoz toda la familia (la viuda, el matrimonio y los dos hijos). En cualquier caso desaparecieron sin dejar rastro entre 1846 y 1861.

Señalar como curiosidad, que en esta casa nació el famoso Pedro Prudencio Hualde Mayo (Malkorna/Vicaría),  y no en casa Racax como se dice en la placa de aquella fachada. El error se debe a que un hermano de Pedro Prudencio y Juan Miguel, de nombre José Ramón, se casó a casa Racax, y como era el único Hualde Mayo que dejó descendencia en Vidángoz, esto pudo llevar a pensar que ésta era la casa originaria del euskalzale Prudencio Hualde que, junto con Mariano Mendigacha (Mendigatxa), contribuyó a dejar un importante legado sobre el Uskara que se hablaba en Vidángoz.

Casa Pelaire

Egullorre es el último barrio en el que entra el recorrido que tradicionalmente se hacía a la hora de documentar las casas de Vidángoz, aunque, en opinión de los entendidos, hay indicios que hacen pensar que éste habría sido el barrio “primigenio” de Vidángoz, tal vez el único que existiría en aquella época en la que convivían los dos Vidángoz.

De acuerdo con el citado recorrido, la primera casa por la que se pasaba en el barrio de Egullorre era la conocida como casa Pelaire. Pelaire, tal y como se recoge en el “Vocabulario Navarro” de José María Iribarren, es el nombre que se daba a los que hacían colchones, por lo general de lana.

Fachada de casa Pelaire

Fachada de casa Pelaire

Y en el caso de esta casa en concreto, y si uno no tuviera más datos que los del pasado reciente, se da la circunstancia de que Silvestre Asín Cemboráin, viudo de Uscarrés que se casó a esta casa en 1919, provenía de casa Pelaire de Uscarrés, con lo que podía ser que el nombre con el que se habría “rebautizado” popularmente la casa fuera el nombre con el que se conocía al nuevo hombre de la casa, que le venía dado por el nombre de su casa nativa. Y, según informaba un hijo suyo, en su juventud incluso había ejercido de pelaire, con lo que, si el nombre de la casa no le viene de ahí, sería una gran coincidencia.

El caso es que si nos remontamos a los propietarios anteriores de la casa, hasta 1919 llevaban el apellido Hualde. El último Hualde que figuró como propietario de la casa fue Pedro Miguel Hualde Jiménez, que murió en el citado año. Fueron dueños antes que él su padre, Miguel Ramón Hualde Salvoch, y su abuelo, Juan Pascual Hualde Anaut. Hasta aquí, todo normal y todos Hualde.

Pero resulta que el padre de Juan Pascual Hualde Anaut era Tomás Hualde Pelairea, y podría ser que el oriundo de esta casa fuera alguno de apellido Pelairea.

Puerta de casa Pelaire, en su día el nº 1 de la desaparecida calle San Pedro

Puerta de casa Pelaire, en su día el nº 1 de la desaparecida calle San Pedro

Rebuscando un poco más resulta que sí, que este Tomás Hualde Pelairea heredó la casa de la que era originaria su madre (su padre también era de Vidángoz, pero de otra casa). La madre se llamaba Vizenta Pelayrea Hualde, y su padre era originario de Ustés (por cierto que, el nombre de la actual casa Pelairea se debe también a un originario de Ustés, Cosme Pelairea, que se casó en 1903 con Maximina Fuertes) y con el que vino ese apellido Pelayrea a Vidángoz, aunque su presencia fuera efímera. Y, nuevamente, resulta que una generación antes de este Pelayrea, en casa Pelaire llevaban también el apellido Hualde.

Así que, tal vez el nombre de esta casa, después de todo, tenga origen en Almiradío o en Salazar, en alguna casa de nombre Pelaire, que habría venido unido al nombre de algún hijo de la casa. O tal vez ni lo uno ni lo otro y resulta que el nombre se lo debe a alguno de los Hualdes mencionados que ejerciera de pelaire. Cada cual, que saque sus conclusiones.

De casa Pelaire, precisamente, era originario el sacerdote Ciriaco Asín Gayarre, mencionado como colaborador del “Vocabulario Navarro”, del que casualmente hemos sacado la definición de pelaire.

Casa La Santa

El hecho de haber escogido casa La Santa y no casa Landarna como correspondería al orden lógico no es casual. Y responde a la siguiente razón: Vidángoz hasta mediados del siglo XIX estaba dividido en cuatro barrios, de manera que cada uno de ellos tenía entre 15 y 25 casas.

Así, casa Gaiarre, que veíamos en el número anterior, estaba enclavada en el barrio de Iriburua (“la cabeza/parte de arriba de la villa”), barrio delimitado por el río Biniés, la actual calle del Molino y el antiguo camino a Roncal.

Casa La Santa, por su parte, se situaría en el barrio de Iriartea (“en medio de la villa”), que estaría delimitado por las actuales calle del Molino, calle Mayor, calle Tejería y río Biniés. El Molino y la actual casa Zeriorena no eran viviendas.

De este modo, en lugar de ir viendo las casas una a una en el orden habitual, la idea es ir viendo una casa de cada barrio, alternando, como una forma de recuperar ese sentido original del barrio como agrupación de casas, que era el antecedente de lo que hoy denominamos calles, pero que, además, respondía a una forma de administración, teniendo cada barrio su boyero, guarda y más peculiaridades que todavía están por estudiarse.

Casa La Santa

Casa La Santa

Además de los dos barrios ya mencionados, faltarían de mencionar Iribarnea (literalmente “dentro de la villa” aunque en este caso viene a significar “la parte baja de la villa”) y Egullorre (cuyo nombre aún perdura para denominar al barrio situado hacia arriba de la calle mayor y cuyo significado es más dudoso que el del resto de barrios, traduciéndolo algunos como “choza” o “cortijo cubierto” y otros como “ladera de espino”).

Una vez hecha esta aproximación a los antiguos barrios de Vidángoz, pasamos a centrarnos en la casa que corresponde a este número, casa La Santa. Visto desde hoy en día, el nombre nos podría crear la duda de si era debido a un nombre en sí o a una mujer que era muy buena y, por ello, tal vez, apodada “la Santa” y de ahí el nombre.

En este caso no es muy difícil llegar al origen del nombre de la misma porque, como se encarga de recordarnos su propia fachada, la casa fue construida en 1907, hace poco más de un siglo.

Y, antes de esa fecha, ¿había otra casa? Por lo que nos indicaba Severino, oriundo de esta casa, lo que debía haber anteriormente era una herrería o una especie de corralico, una construcción de porte bajo en cualquier caso, pero posteriormente he encontrado datos que hacen pensar que realmente había una casa, si bien, tal vez su tamaño no sería el mismo que el de la casa actual. Lo cierto es que en la matrícula parroquial de 1861-1862 (la primera del libro de matrículas) consta que allí había una casa en la residían Vicenta Larequi Urzainqui (viuda de Fermín Vidart) y su hijo Severo Vidart Larequi. Vicenta vivió allí hasta 1875. Por algún motivo dejó la casa en ese año y pasó a la antigua casa La Santa (actual casa Elizalde), cuyo dueño, el ya fallecido Manuel Larequi Urzainqui, había sido el hermano de la citada Vicenta. Cabe pensar, a la luz de estos datos, que Mª Santos Larequi o su hija Severina Fuertes Larequi habrían heredado la casa o lo que quedaba de ella y la reconstruyeron, dando lugar a la casa que hoy conocemos, como se expone a continuación.

Detalle de la fachada de casa La Santa, que deja constancia de su año de construcción.

Detalle de la fachada de casa La Santa, que deja constancia de su año de construcción.

¿Y quién la construyó y de dónde provenía? Pues la respuesta es la pareja formada por Fidel Santiago Sanz Urzainqui (nacido en casa Calderero en 1859) y Severina Fuertes Larequi (nacida en la actual casa Elizalde en 1865, que, en aquel tiempo, desconocemos qué nombre tendría), que se casaron en 1890. ¿Y dónde vivieron hasta 1907, año en que se construyó la actual casa la Santa? Pues el matrimonio debía vivir en la actual casa Elizalde, que por entonces algunos ya llamarían casa La Santa, ya que su dueña era Santa (Mª Santos) Larequi Salvoch, y de ahí “casa de la Santa”.

Hacia 1897, el marido, Santiago Sanz, partió a Argentina a probar suerte en “las Américas” dejando en Vidángoz a su mujer Severina y a sus dos primeras hijas, Mª Santos y Avelina. Y parece que le fue bien y regresó hacia 1905 y al poco de llegar ya habría empezado la construcción de la actual casa La Santa.

Así pues, casa La Santa en Vidángoz vendría a ser el único ejemplo (que yo sepa) de las denominadas casas de indiano, de aquellos que iban a las “indias” (a América), hacían fortuna y, al volver, construían una casa nueva.

Por último, ¿por qué se llama casa de La Santa si no se llamaba así ninguno de los que la construyeron? Puede que el nombre se deba a la arriba mencionada Mª Santos Sanz Fuertes, aunque algunos señalaban que no podía ser, que de deberse a ella, anteriormente debería haber tenido algún otro nombre. La posible explicación reside en que cuando el matrimonio y sus hijos pasaron a vivir a la nueva casa La Santa, llevaron consigo a “la abuela”, esto es, a la madre de Severina Fuertes: Santa (o Mª Santos) Larequi Salvoch. El único pero que se le encuentra a esta explicación es que la citada Santa sólo vivió 5 años desde que pasaron a vivir a esta nueva casa.

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