Organistas en Vidángoz

A nosotros no nos resulta algo extraordinario, pero, por lo que se dice, parece ser que en el Valle de Roncal había un gusto especial por la música en la iglesia, un aprecio aparentemente mayor que en otros lugares. Esto hizo que los pueblos del valle, ya en el siglo XVIII, dotaran a sus respectivas iglesias de unos órganos de categoría.

Las siete villas, además, desde hace casi tres siglos se dotaron de un organista que hiciera sonar el instrumento, cargo que solemos asociar con el de secretario (secretario-organista, como se solía denominar desde finales del siglo XIX y el siglo XX), pero hubo un tiempo (hasta la década de 1860, más o menos) en que esa labor la realizaba el maestro de primeras letras, perfil con el que casa Paco el de Txestas, que ejerció como maestro en la escuela de Vidángoz en el curso 1961-1962.

Paco ‘el de Txestas’, en el órgano de la iglesia de Vidángoz.

Como decía el propio Paco o su hermano Enrique, a los hijos de casa Txestas los mandaban al Seminario por parejas, (‘como la guardia civil’, solían decir), y uno se quedaba y el otro se salía. Así, Paco fue de los que se salió, pero ya con cierto nivel de estudios, que fueron los que luego le llevaron a la docencia y también a aprender a tocar el órgano.

Más adelante veremos la historia del órgano, pero podemos decir que el de Vidángoz entró en funcionamiento en torno al año 1785. Desde entonces ha habido un montón de organistas de los que tenemos noticia, algunos de manera ocasional, que cronológicamente exponemos a continuación:

  • Pascual Ramón Nicolao (entre 1785 y 1841, natural de Garde);
  • Manuel Nicolao (1842-1851, Vidángoz [Anxelarna]);
  • Juan Pico (1852);
  • Benito Bustince (1852-1855, Ujué);
  • Eugenio Olejua (1860, Mendiliberri);
  • Simeón Larrea (1861, Idocin);
  • Francisco Aldave (1863);
  • Manuel Berro (1863-1866);
  • Santos Mainz (1865);
  • Isaac Garde (1870, Uztárroz);
  • Antonio Larrea (1871-1872, Sangüesa);
  • Pedro Belzunegui (1879);
  • Juan Irurzun (1885);
  • José Mariano Urzainqui (1882-1892, Vidángoz [Txestas]);
  • Eloy Beope (1890, Ochagavía);
  • Babil Urzainqui (1893-1896, Vidángoz [Kostiol]);
  • Félix Uztárroz (1898-1901);
  • Demetrio Ruiz de Azua (1901, Ciriano-Álava);
  • Estanislao Osés (1904, Arróniz);
  • Tomás López (1906);
  • Sabino Sola (1906-1908, Gallipienzo);
  • Francisco Zubiri (1909, Ezcároz);
  • Antonio Bonet (1911, Peralta de la Sal-Huesca);
  • Babil Ayestarán (1916-1935, Úcar);
  • Cesáreo Sanz (1935-1954, Vidángoz [La Santa]);
  • Francisco Hualde (1960-2018, Vidángoz [Txestas]);

¿Habrá sido Paco el último en hacer sonar el órgano de Vidángoz?

Otro homenaje

El final del verano del año pasado ‘la de la dalla’ se cebó agusto con Vidángoz y nos tocó ver marchar a unos cuantos bidankoztarras.
A uno de ellos, a mi padre, le brindé un pequeño homenaje en el número 30 de esta publicación. Y entre los demás, aunque cada uno/a se merecería un recuerdo, hay alguien que por su labor pública tenía una repercusión especial, y no es otro que Paco el de Txestas, que durante más de medio siglo puso música a tantas celebraciones religiosas tocando el órgano de la iglesia, ese instrumento ya anciano cuyos defectos conocía Paco como la palma de su mano y sorteaba elegantemente.
Aprovecharemos, pues, las entradas que se publicarán a continuación de ésta para conocer más a fondo el órgano de la iglesia de Vidángoz, los devenires del apellido Hualde en nuestro pueblo y muchas más historias que seguro que a Paco le habrían sonado a música celestial.

Boletín Bidankozarte nº 32

Puntual a su cita, llega el víspera de San Pedro un nuevo boletín de Bidankozarte. En esta ocasión, otro pequeño homenaje a otro de los bidankoztarras que perdimos en el terrible final del verano de 2018, Paco el de Txestas, quien fue durante más de medio siglo el organista de la iglesia de Vidángoz.

Bidankozarte nº 32

Éste es el índice de contenidos:

1.- Otro homenaje;
2.- Organistas en Vidángoz;
3.- Origen del órgano de Vidángoz;
4.- Diego de Amezua;
5.- Apellidos bidankoztarras: Hualde;
6.- Los Hualdes y el Clero;
7.- La última reforma del órgano;
8.- … y en el próximo Bidankozarte…;

Podéis visualizar y descargar este boletín en este enlace y, si queréis hacer lo propio con cualquier otro boletín de los publicados hasta ahora, están todos en este otro enlace.

Mendigacha, Azkue… y Mocoçain

Llegamos en este recorrido por los escritos en uskara a principios del siglo XX, cuando el dialecto roncalés ya se daba por desaparecido en varios de los pueblos del valle y, en los que aguantaba, la perspectiva era poco halagüeña.
En esta tesitura llegó Resurrección María de Azkue a estudiar nuestro moribundo dialecto y su contacto en el valle, el entonces párroco de Uztárroz, Dionisio Martín, le puso en contacto con Mendigacha como mejor fuente para ese menester. Azkue consiguió en su primer encuentro que la llama del uskara volviera a encenderse en un ya anciano Mendigacha (tenía 70 años cuando se conocieron), y éste, consciente de lo importante de su testimonio, puso gran empeño en sacar todo el uskara que llevaba dentro para que Azkue pudiera analizar nuestro dialecto roncalés.

Ligi (Licq-Athérey), pueblo donde tuvo lugar el encuentro en el que Mendigacha escribió el texto de este artículo.

Las cartas de Mariano, de las que hemos hablado en Bidankozarte en cantidad de ocasiones, son una reliquia a nivel lingüístico por varios motivos. Por un lado, al contrario de lo que ocurría con los trabajos de Bonaparte, estos escritos no son meras traducciones de textos religiosos, y al tratarse de cartas en las que Azkue le pedía que le hablara de las costumbres, de lo cotidiano que tenía lugar en Vidángoz, esto abre un amplio abanico de temas y posibilidades, convirtiéndose, como hemos dicho muchas veces, en un tesoro etnográfico para Vidángoz en particular y el Valle de Roncal en general por la descripción que hace de los usos y costumbres de nuestro entorno de hace un siglo. Por otra parte, el formato de estos documentos, correspondencia entre dos personas, nos permite observar un tono más coloquial en el lenguaje empleado, donde, además de lo relatado en cada carta, se expresan sentimientos tanto de Mendigacha como de Azkue. Como quiera que estas cartas de Mendigacha a Azkue hemos hablado en estos boletines de Bidankozarte en multitud de ocasiones, una vez mencionadas en este apartado, como no podría ser de otra manera, presentaré otro escrito de Mendigacha bastante menos conocido. Un pequeño fragmento de papel, un texto incompleto, pero en el que Mariano da cuenta de algunas de sus sensaciones con el uskara.

Escrito de Mendigatxa (Ligi, 1902)

El pequeño documento conservado por el lingüista Piarres Broussain (a quien se lo donó Mocoçain) de una reunión en Ligi en la coincidió con Mariano (custodiado actualmente en el Archivo de la Biblioteca Azkue de Euskaltzaindia) dice lo siguiente: ‘Gayazko ulun eta issiltarzunarequin, itz anissco artubaguietarik sitenzaitad; eta faitenaz, biltuz, biltuz; baya gero, arguitiarat, beguiak iriki bikain sarri faiten zaiztad amets izanbalitz bikala‘. Traducido viene a decir que ‘Con la oscuridad y el silencio de la noche, me vienen [a la mente] muchas palabras y las voy guardando, guardando; pero luego, al amanecer, tan pronto como abro los ojos, se me van como si hubiera sido un sueño’.
El síndrome de Mendigatxa, o la angustia de ver cómo eres el último y el idioma se esfuma contigo…

‘Ene tia Juana maitia…’

El tenor roncalés Julián Gayarre

El documento del que vamos a hablar se redactó en 1884, esto es, en la época en la que se dejó de enseñar el uskara a la nueva generación y uso del roncalés entró en barrena. Pues bien, este testimonio escrito, pese a ser lingüísticamente de menor relevancia, tiene algo de icónico por ser su autor el tenor roncalés de fama internacional Julián Gayarre.
Quizás por eso mismo, por venir de alguien que había alcanzado una fama tan grande, y por las fechas en las que fue escrita, tiene un carácter especial, puesto que nos demuestra que, pese a todo lo que consiguió, Julián Gayarre seguía llevando su tierra, su familia y su uskara muy dentro.
Y es que este tenor universal pertenece a la penúltima o última generación que aprendió uskara en sus casas en Roncal antes de que la transmisión familiar se interrumpiese de cuajo en la segunda mitad del siglo XIX.

Detalle de la carta de Julián Gayarre a su tía Juana (1884)

Así, y pese a ser una misiva breve, Gayarre muestra en ella el afecto que tiene a su tía Juana, a la que invita a pasar unos días en Barcelona con todos los gastos pagados y conocer así el mar, y, de paso, manda saludos para todos los de casa… y un pellizco para las mozas guapas de Roncal.
Julián Gayarre, tenor universal, sí, pero, ante todo, orgulloso roncalés… y uskaldun!

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