Centenario de la muerte de Mariano Mendigacha

Cartel del evento diseñado por Mikel Sanz [Antxon].

Hurrengo asteko neskanegunean (larunbatean), setemeraren 1ean, Bidankozen Mariano Mendigatxaren heriotzaren mendeurrena ospatuko dugu. Antolatzaile ibili garen Bidankozeko Aiza-Bulgua, Bidankozarte eta Euskaltzaindiaz gain, Erronkaribarko Julian Gaiarre abesbatzak ere hartuko du parte . Ospakizunaren gainean xehetasun guztien berri izateko, hemen duzue kartela. Xin ztei! (Etor zaitezte!).

El sábado de la semana que viene, 1 de septiembre, celebraremos en Vidángoz el centenario de la muerte de Mariano Mendigacha. Además de los organizadores, Ayuntamiento de Vidángoz, Bidankozarte y Euskaltzaindia, también tomará parte en la celebración la coral Julián Gayarre del valle de Roncal. Para conocer todos los detalles de la celebración, aquí tenéis el cartel. ¡Animaos a venir!

…y entonces llegó el desastre

Mariano trató de gestionar su familia de la mejor manera posible de acuerdo con su mentalidad. Si dejamos de lado las disputas que tuvo con su hija y yerno y que parece que acabaron reconduciéndose, parece que lo hizo bien. Pero en los meses siguientes a su muerte, la familia sufrió una serie de reveses que bien podrían parecer una maldición.

Una nieta de Mendigacha fue encarcelada por estafa pocas semanas después de morir Mariano.

Apenas tres semanas después de morir Mendigacha, una de sus nietas de casa Bernabel, Amalia, fue condenada por estafar a Jacinto Garín y quedarse con dinero de éste, y pasó cuatro meses en la cárcel, con un bebé de tres meses. Parece que el paso por el presidio y las precarias condiciones que le tocaron vivir (además, su marido había marchado a Argentina) hicieron que muriera en apenas tres años.

En casa Mendigatxa, por su parte, tres de los nietos que no habían de heredar la casa hicieron las maletas para marcharse a América y, el que en principio estaría destinado a heredar la casa, Norberto, falleció tan solo seis meses después de hacerlo Mariano a consecuencia de una coz de sus caballerías.

Mala racha para los Mendigatxa

Mariano y su mentalidad familiar

Sea por la educación que recibió, sea por las circunstancias que le tocó vivir, Mariano Mendigacha dejó en las cartas que envió a Azkue multitud de apuntes, de detalles, que bien podrían darnos una aproximación al carácter que tenía.

No entraremos a analizar todos esos detalles en profundidad, pero sí que trataremos algunos de ellos por reflejar, por un lado, la mentalidad de la época y, por otro, la actitud de Mariano ante ciertos temas.

Así, trataremos en primer lugar la concepción de la familia. Una familia, una casa, era como una empresa cuyos jefes, los cabeza de familia, habían de hacer lo posible para que fuera bien. Aquí entraría, por ejemplo, el tema de la sucesión, de la herencia.

La mentalidad de Mendigacha

Se tiende a pensar que aquí siempre heredaba el primogénito si era varón o el hijo varón de mayor edad en su defecto, pero esto no era así en muchísimos casos. El proceso de elección del heredero/a lo describía Mendigacha en su carta del 18 de diciembre de 1903. En ella indica que un padre observó durante toda la crianza a los hijos y tras elegir el que juzgó más adecuado, cuando llegó la hora, se lo hizo saber y le indicó con quién se casaría. Y al no aceptar el hijo su pareja, lo despachó de la casa.

Así, en la propia casa Mendigatxa tenemos el vivo ejemplo de las dos afirmaciones anteriores. Por un lado, Mariano tenía un primogénito varón, Francisco, que, sin embargo, no fue quien heredó la casa. Por considerar más apta a su hija Inés o por preferir para el gobierno de la casa al marido que para ésta habían elegido, el caso es que en casa Mendigatxa no heredó ni el primogénito ni un varón. Por otra parte, lo de las bodas apalabradas tiene en los hijos de Mariano un ejemplo claro, ya que casó a sus dos hijos mayores con sendos hijos de casa Santxena, la casa con mayor potencial de Vidángoz en aquel entonces, quedando una pareja en casa Mendigatxa y la otra en casa Bernabel (que también era propiedad de Mariano), llevando Mendigacha su empresa por muy buen camino.

Por otra parte, hay otra carta en la que se mencionan arreglos de bodas, concretamente la del 29 de octubre de 1904. Allí relata cómo se ha dado un caso insólito en Vidángoz cuando dos casas del pueblo, después de anunciar una boda, se habían echado para atrás por algún motivo que solo ellos sabían.

Siguiendo en el ámbito familiar, Mariano también nos da muestras de las tensiones que vivían algunos mayores con sus herederos en las casas en las que convivían, tema del que ya he hablado en alguna ocasión anterior (casa Anarna, 1900) y que debía ser algo relativamente habitual en aquel entonces.

En su carta del 20 de febrero de 1911 Mendigacha señala que ha discutido con el yerno por algo en lo que los dos creían tener razón, y Mariano señala que optó por hacerse a un lado, ceder el gobierno de la casa y limitarse a obedecer.

A finales de 1914 Mariano debió de quedar inútil para el trabajo del campo y, entre eso y las tensiones que tenía en casa, se le metió en la cabeza que había de irse a un asilo para ancianos desamparados. La familia señalaba que la situación no era así para nada y que incluso le daban sus gustos, y que ‘si dejaban que el anciano saliera de casa sería una ofensa a Dios’. Piden a Azkue que medie para quitarle esa idea de la cabeza a Mariano. Así lo hizo y, por medio del párroco de Vidángoz, convencieron a Mendigacha quien, sin embargo, no quedó demasiado conforme. Él quería que el vicario hablara a la vez con su hija y con él mismo y así arreglaran sus diferencias ‘como había hecho con tantas familias’ (luego era algo habitual).

Así pues, y por respeto a la opinión de Azkue, Mariano decide desistir de la idea de marcharse de casa y quedar sumiso y obediente a lo que le manden en casa pero sin cambiar de actitud, ‘pues no conoce su falta’. Prevé que lo que le queda de vida será un martirio.

Como último dato curioso, resaltar el que Mendigacha considera la causa de su ruina en aquel momento: ‘la demasiada urbanidad y prudencia que he observado [tenido] con ellos [su hija y su yerno]’, algo que, por lo que deja ver, tampoco sería lo habitual.

Mariano Pionero

Mariano Mendigacha fue en diversos aspectos de su biografía, a sabiendas o sin ser consciente de ello, pionero en diversos ámbitos.

La icónica foto de Mariano Mendigacha (San Juan de Luz, 1869), primera de un bidankoztar y de un roncalés seguramente y también del traje típico.

Por ejemplo, la única fotografía que de él conocemos, la que está sobre estas líneas, se realizó en 1869 y es la primera foto de un bidankoztar y, seguramente también, de un roncalés, posando vestido con el atuendo típico. La fotografía se encontraba entonces en sus inicios, pero el hecho de que Mariano colaborara con alguien de alto nivel social (Louis-Lucien Bonaparte) y de que se reuniera con él en San Juan de Luz, donde ya había un estudio fotográfico, hicieron que nuestro Mendigacha se convirtiera en el primer roncalés en ser fotografiado, quedando así su imagen como un icono para la historia.

Pero no fue eso en lo único en lo que fue pionero: así, su hijo Francisco Simeón fue el primer niño en ser inscrito en el Registro Civil de Vidángoz, siendo curioso el hecho de que en la dirección indica calle Egullorre.

Y como último hecho a reseñar, y a una con lo que se cuenta de su época de alcalde en 1867 en el artículo a la derecha de estas líneas, Mendigacha puso en marcha en Vidángoz la Junta Local de Enseñanza, que se encargaría en lo sucesivo de velar por el buen funcionamiento de la escuela de primeras letras y de la adecuada instrucción de la infancia de Vidángoz.

Son solo unos pequeños apuntes, pero podemos intuir que Mariano tenía madera de pionero.

Mendigacha y el bien común

El mucho dinero obtenido por el Valle de Roncal no se administraba bien, según Mendigacha.

Uno de los detalles que definen la imagen que tenemos de Mariano Mendigacha es un análisis suyo sobre el dinero que obtenía el valle de Roncal con la venta de madera y el destino de aquel capital. En su carta del 1 de marzo de 1904 deja clara su opinión y señala por un lado que la elevada deuda se debe a la construcción de la carretera y a la última guerra carlista (terminada casi treinta años antes) y por otro que, ‘aunque el valle podía ser rico, falta mano de obra, hay una mala administración y el dinero queda solo para unos pocos ricos’. Es una buena muestra de la manera de pensar de Mariano, pero no es la única que podemos encontrar.

Las actuales campanas de la iglesia de Vidángoz, procedentes de una refundición más reciente que la tratada en este artículo.

Otra ocasión en la que Mendigacha se muestra quejoso con la actitud de las autoridades y, de hecho, también planta cara por considerar que el patrimonio común puede verse afectado tiene lugar en 1891. En aquel año, por lo que se ve, una de las campanas de Vidángoz no sonaba bien y necesitaba ser reparada. No nos equivoquemos pensando que la campana era un asunto menor: entonces servía para convocar a junta al Ayuntamiento, para avisar de un incendio, para tocar a muerto (y de manera diferente si el difunto era hombre, mujer o niño…)…

No había entonces camiones ni nada parecido, por lo que, si Mahoma no va a la montaña… Así, tenía que venir un maestro campanero al pueblo y rehacer la campana in situ. Y digo bien, sí, rehacer, porque había que fundir la campana y hacer la nueva. Y para fundir una campana hacía falta un fuego muy intenso y, por tanto, mucha leña. Así, suponemos que se habría hecho algún vecinal o auzolan y se habría picado la leña necesaria y algo más, por si acaso.

Hasta aquí todo correcto: se picó la leña, vino el campanero, se fundió la campana, se hizo la nueva, habría quedado bonita (suponemos, porque las que hay actualmente proceden de una fundición posterior) y creemos también que el campanero habría cobrado lo acordado y todos contentos. Pero… tenía que haber un pero y éste tiene a Mariano de por medio.

La leña que sobró de la picada para fundir la campana fue vendida por el alcalde, Pedro Hualde [Rakax / Navarro], pero nuestro Mariano no las tenías todas consigo de que se había hecho de la forma correcta y lo demandó por usurpación. Parece que la corrupción no es nada nuevo…

El asunto fue a juicio y allí, pese a las sospechas de Mendigacha, el alcalde mostró la documentación del Ayuntamiento donde constaba que el dinero obtenido de la venta de leña había sido ingresado en las arcas municipales. Y Mariano, satisfecho con las explicaciones, se allanó.

La herrería de Vidángoz fue recuperada para el uso vecinal siendo Mariano Mendigacha alcalde en 1867, tras haber sido privatizada años antes.

Por último, citaremos otro caso donde que queda clara la forma de pensar y de obrar que tenía Mendigacha. En este caso nos remontaríamos a 1867, cuando Mariano era alcalde de Vidángoz. En la década anterior la Hacienda española había iniciado una desamortización que había afectado particularmente a los bienes comunales, en el caso de Vidángoz, se habían tenido que vender varias fincas, el molino, el horno y la herrería. Pues bien, vista la importancia que tenían para los bidankoztarras estos bienes recientemente privatizados, Mendigacha, como alcalde, encabezó la recuperación de la herrería (los otros bienes ya se habían recuperado) por medio de una oferta económica al herrero Ángel Arriola [Garaioa / Arriola] que éste aceptó.

De esta forma se recuperó lo que décadas más tarde sería uno de los bienes raíces de la denominada Sociedad el Molino y fincas anejas, que permitiría a los vecinos seguir disfrutando de servicios básicos y no se vería afectada de haber futuras desamortizaciones.

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