Nuestro valle visto por un prisionero

No son muchas las referencias al entorno que realiza Josep en sus cartas, pero hay unas cuantas menciones al mismo que nos ayudaran a verlo con los ojos de aquellos trabajadores.

De su paso por Roncal, sus primeros dos meses de estancia estival, refiere que “ahora mismo me hallo en este valle del Roncal, lugar al cual el Creador sólo supo darle altas y verdes montañas con su correspondiente riachuelo, y, sin embargo, con este ínfimo paisaje…”, para continuar en otra misiva con el río y los habitantes del pueblo: “Aún no he podido enterarme del nombre del río en que me baño y que tú le dedicas un verso. Los habitantes de este valle son muy callados y a uno se le hace difícil poder satisfacer sus curiosidades, pero procuraré antes de marcharme aumentar mis nociones de geografía”.

Con la llegada del otoño, tuvo que pasar casi tres semanas en Uztárroz, estancia que “no fue del todo agradable”, aunque no entra en más detalles.

De ahí, y hasta el final de su cautiverio pasará ocho meses en Vidángoz. Sobre nuestro pueblo dejará unas cuantas pinceladas en sus cartas. Bueno, la primera mención no es de él, sino de sus padres, que al parecer han visto a dónde lo han mandado y entienden que hará más frío que en Roncal y, por eso, le enviarán más ropa de abrigo.

No habla nada más del pueblo hasta que, en Nochebuena, escribe a su familia y piensa en sus hermanos hechos unos galanes y ligando con las chicas más guapas y comenta que él en Vidángoz se tiene que conformar con ver a las chicas a distancia de 15 o 20 metros, “pero, a pesar de ello, las vidangocistas no me disgustan y a algunas de ellas ya me las he comido con los ojos”.

Posteriormente, y al hilo de la comida que le quiere mandar su familia para que no pase hambre, empieza indicando que “en Vidángoz puede comprar todo el pan blanco y blando que quiera”, para añadir en otra misiva posterior que “después del trabajo tenemos un rato para satisfacer algún pequeño vicio, pues tenemos dos cantinas donde se puede ir a tomar un litro de vino, un café o una copita de cognac. Además, se pueden comprar varios comestibles y pan tanto como uno quiere”.

Por último, una mención al tiempo primaveral en Vidángoz: su novia le comenta que en Avinyonet está habiendo muchas nubes, pero no cae ni gota, y, por el contrario, Josep refiere que en Vidángoz llueve todas las tardes.

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