En contacto con la familia

El tema principal que podemos tomar en consideración al analizar el contenido de las cartas es la relación familiar de Josep.
En julio de 1939, cuando empieza la correspondencia, se encuentran tanto él como su hermano Pere privados de libertad, Josep en Roncal, como ya hemos indicado, y Pere en Cartagena, quedando en casa tan solo sus padres y su hermano Fedriquet, de 16 años.
Josep se erige en una especie de guía para la familia, pese a sus 25 años, tiene muy claro cómo deben de orientar este trance que han de pasar, y trata en todo momento de que la familia permanezca unida, que mantenga la esperanza (pues cree que ambos hermanos serán liberados en poco tiempo por no tener delitos graves) y ponga sus miras en la planificación de la vida y la economía familiar desde el momento presente y de cara a cuando la situación vuelva a la normalidad. En este sentido, tiene claro que las cosas que funcionaban antes de la guerra tal vez ahora no lo hagan de la misma manera y que conviene diversificar el negocio, que hay que vivir del campo pero visitar la ciudad con cierta frecuencia y que hay que cuidar la educación y la cultura. En lo relativo a reactivar el modo de vida familiar anterior a la guerra, Josep también da indicaciones a la familia de los pasos a dar para intentar recuperar el camión y la moto ‘requisados por los rojos’.
En noviembre de 1939 su hermano es liberado y con ello mejora la situación familiar, aunque andan pendientes de que sea llamado a la caja de recluta por la quinta a la que pertenece.
Los de casa centran en ese momento sus fuerzas en ayudar a Josep, mejorar su estancia en Roncal y tratar de que ésta termine lo antes posible. Así, tratan de enviar a su hijo mayor todo lo que pueden (ropa, comida, dinero…), pero éste insiste en que no necesita prácticamente de nada, que guarden para lo que pueda venir, usando unas expresiones que, con lo que sabemos de las condiciones en que se encontraron esos batallones de trabajadores, resultan difíciles de creer, pero el objetivo de Josep era mantener a la familia relativamente tranquila y animada.
Los padres, como indicaba, también tratan de acelerar en lo posible la liberación de Josep solicitando informes favorables sobre su conducta al alcalde, al cura, al jefe de falange… y hablando y agasajando a quien creen que puede ayudar en estos trámites, y Josep les dice que no anden con regalos ni cosas de esas que, una vez conseguidos los informes, estos procesos tienen que llevar su tiempo.
La madre, por su parte, insiste en querer ir a visitarle, pero Josep se niega rotundamente diciendo que está bien, que no se preocupen. Aún así, parece que finalmente el padre fue a visitarlo y comprobó que estaba ‘tan gordo que parecía un pastor’.
No falta también alguna regañina a la familia porque no le hacen caso cuando dice que no le envíen comida ni ropa, o cuando no envían el dinero por la vía más efectiva para que lo pueda cobrar, pero no pasan de ser pequeños detalles en la relación de una familia que se ve unida pese a la distancia.

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