Archive for the ‘Mariano Mendigacha’ Category

Mariano y su mentalidad familiar

Sea por la educación que recibió, sea por las circunstancias que le tocó vivir, Mariano Mendigacha dejó en las cartas que envió a Azkue multitud de apuntes, de detalles, que bien podrían darnos una aproximación al carácter que tenía.

No entraremos a analizar todos esos detalles en profundidad, pero sí que trataremos algunos de ellos por reflejar, por un lado, la mentalidad de la época y, por otro, la actitud de Mariano ante ciertos temas.

Así, trataremos en primer lugar la concepción de la familia. Una familia, una casa, era como una empresa cuyos jefes, los cabeza de familia, habían de hacer lo posible para que fuera bien. Aquí entraría, por ejemplo, el tema de la sucesión, de la herencia.

La mentalidad de Mendigacha

Se tiende a pensar que aquí siempre heredaba el primogénito si era varón o el hijo varón de mayor edad en su defecto, pero esto no era así en muchísimos casos. El proceso de elección del heredero/a lo describía Mendigacha en su carta del 18 de diciembre de 1903. En ella indica que un padre observó durante toda la crianza a los hijos y tras elegir el que juzgó más adecuado, cuando llegó la hora, se lo hizo saber y le indicó con quién se casaría. Y al no aceptar el hijo su pareja, lo despachó de la casa.

Así, en la propia casa Mendigatxa tenemos el vivo ejemplo de las dos afirmaciones anteriores. Por un lado, Mariano tenía un primogénito varón, Francisco, que, sin embargo, no fue quien heredó la casa. Por considerar más apta a su hija Inés o por preferir para el gobierno de la casa al marido que para ésta habían elegido, el caso es que en casa Mendigatxa no heredó ni el primogénito ni un varón. Por otra parte, lo de las bodas apalabradas tiene en los hijos de Mariano un ejemplo claro, ya que casó a sus dos hijos mayores con sendos hijos de casa Santxena, la casa con mayor potencial de Vidángoz en aquel entonces, quedando una pareja en casa Mendigatxa y la otra en casa Bernabel (que también era propiedad de Mariano), llevando Mendigacha su empresa por muy buen camino.

Por otra parte, hay otra carta en la que se mencionan arreglos de bodas, concretamente la del 29 de octubre de 1904. Allí relata cómo se ha dado un caso insólito en Vidángoz cuando dos casas del pueblo, después de anunciar una boda, se habían echado para atrás por algún motivo que solo ellos sabían.

Siguiendo en el ámbito familiar, Mariano también nos da muestras de las tensiones que vivían algunos mayores con sus herederos en las casas en las que convivían, tema del que ya he hablado en alguna ocasión anterior (casa Anarna, 1900) y que debía ser algo relativamente habitual en aquel entonces.

En su carta del 20 de febrero de 1911 Mendigacha señala que ha discutido con el yerno por algo en lo que los dos creían tener razón, y Mariano señala que optó por hacerse a un lado, ceder el gobierno de la casa y limitarse a obedecer.

A finales de 1914 Mariano debió de quedar inútil para el trabajo del campo y, entre eso y las tensiones que tenía en casa, se le metió en la cabeza que había de irse a un asilo para ancianos desamparados. La familia señalaba que la situación no era así para nada y que incluso le daban sus gustos, y que ‘si dejaban que el anciano saliera de casa sería una ofensa a Dios’. Piden a Azkue que medie para quitarle esa idea de la cabeza a Mariano. Así lo hizo y, por medio del párroco de Vidángoz, convencieron a Mendigacha quien, sin embargo, no quedó demasiado conforme. Él quería que el vicario hablara a la vez con su hija y con él mismo y así arreglaran sus diferencias ‘como había hecho con tantas familias’ (luego era algo habitual).

Así pues, y por respeto a la opinión de Azkue, Mariano decide desistir de la idea de marcharse de casa y quedar sumiso y obediente a lo que le manden en casa pero sin cambiar de actitud, ‘pues no conoce su falta’. Prevé que lo que le queda de vida será un martirio.

Como último dato curioso, resaltar el que Mendigacha considera la causa de su ruina en aquel momento: ‘la demasiada urbanidad y prudencia que he observado [tenido] con ellos [su hija y su yerno]’, algo que, por lo que deja ver, tampoco sería lo habitual.

Mariano Pionero

Mariano Mendigacha fue en diversos aspectos de su biografía, a sabiendas o sin ser consciente de ello, pionero en diversos ámbitos.

La icónica foto de Mariano Mendigacha (San Juan de Luz, 1869), primera de un bidankoztar y de un roncalés seguramente y también del traje típico.

Por ejemplo, la única fotografía que de él conocemos, la que está sobre estas líneas, se realizó en 1869 y es la primera foto de un bidankoztar y, seguramente también, de un roncalés, posando vestido con el atuendo típico. La fotografía se encontraba entonces en sus inicios, pero el hecho de que Mariano colaborara con alguien de alto nivel social (Louis-Lucien Bonaparte) y de que se reuniera con él en San Juan de Luz, donde ya había un estudio fotográfico, hicieron que nuestro Mendigacha se convirtiera en el primer roncalés en ser fotografiado, quedando así su imagen como un icono para la historia.

Pero no fue eso en lo único en lo que fue pionero: así, su hijo Francisco Simeón fue el primer niño en ser inscrito en el Registro Civil de Vidángoz, siendo curioso el hecho de que en la dirección indica calle Egullorre.

Y como último hecho a reseñar, y a una con lo que se cuenta de su época de alcalde en 1867 en el artículo a la derecha de estas líneas, Mendigacha puso en marcha en Vidángoz la Junta Local de Enseñanza, que se encargaría en lo sucesivo de velar por el buen funcionamiento de la escuela de primeras letras y de la adecuada instrucción de la infancia de Vidángoz.

Son solo unos pequeños apuntes, pero podemos intuir que Mariano tenía madera de pionero.

Mendigacha y el bien común

El mucho dinero obtenido por el Valle de Roncal no se administraba bien, según Mendigacha.

Uno de los detalles que definen la imagen que tenemos de Mariano Mendigacha es un análisis suyo sobre el dinero que obtenía el valle de Roncal con la venta de madera y el destino de aquel capital. En su carta del 1 de marzo de 1904 deja clara su opinión y señala por un lado que la elevada deuda se debe a la construcción de la carretera y a la última guerra carlista (terminada casi treinta años antes) y por otro que, ‘aunque el valle podía ser rico, falta mano de obra, hay una mala administración y el dinero queda solo para unos pocos ricos’. Es una buena muestra de la manera de pensar de Mariano, pero no es la única que podemos encontrar.

Las actuales campanas de la iglesia de Vidángoz, procedentes de una refundición más reciente que la tratada en este artículo.

Otra ocasión en la que Mendigacha se muestra quejoso con la actitud de las autoridades y, de hecho, también planta cara por considerar que el patrimonio común puede verse afectado tiene lugar en 1891. En aquel año, por lo que se ve, una de las campanas de Vidángoz no sonaba bien y necesitaba ser reparada. No nos equivoquemos pensando que la campana era un asunto menor: entonces servía para convocar a junta al Ayuntamiento, para avisar de un incendio, para tocar a muerto (y de manera diferente si el difunto era hombre, mujer o niño…)…

No había entonces camiones ni nada parecido, por lo que, si Mahoma no va a la montaña… Así, tenía que venir un maestro campanero al pueblo y rehacer la campana in situ. Y digo bien, sí, rehacer, porque había que fundir la campana y hacer la nueva. Y para fundir una campana hacía falta un fuego muy intenso y, por tanto, mucha leña. Así, suponemos que se habría hecho algún vecinal o auzolan y se habría picado la leña necesaria y algo más, por si acaso.

Hasta aquí todo correcto: se picó la leña, vino el campanero, se fundió la campana, se hizo la nueva, habría quedado bonita (suponemos, porque las que hay actualmente proceden de una fundición posterior) y creemos también que el campanero habría cobrado lo acordado y todos contentos. Pero… tenía que haber un pero y éste tiene a Mariano de por medio.

La leña que sobró de la picada para fundir la campana fue vendida por el alcalde, Pedro Hualde [Rakax / Navarro], pero nuestro Mariano no las tenías todas consigo de que se había hecho de la forma correcta y lo demandó por usurpación. Parece que la corrupción no es nada nuevo…

El asunto fue a juicio y allí, pese a las sospechas de Mendigacha, el alcalde mostró la documentación del Ayuntamiento donde constaba que el dinero obtenido de la venta de leña había sido ingresado en las arcas municipales. Y Mariano, satisfecho con las explicaciones, se allanó.

La herrería de Vidángoz fue recuperada para el uso vecinal siendo Mariano Mendigacha alcalde en 1867, tras haber sido privatizada años antes.

Por último, citaremos otro caso donde que queda clara la forma de pensar y de obrar que tenía Mendigacha. En este caso nos remontaríamos a 1867, cuando Mariano era alcalde de Vidángoz. En la década anterior la Hacienda española había iniciado una desamortización que había afectado particularmente a los bienes comunales, en el caso de Vidángoz, se habían tenido que vender varias fincas, el molino, el horno y la herrería. Pues bien, vista la importancia que tenían para los bidankoztarras estos bienes recientemente privatizados, Mendigacha, como alcalde, encabezó la recuperación de la herrería (los otros bienes ya se habían recuperado) por medio de una oferta económica al herrero Ángel Arriola [Garaioa / Arriola] que éste aceptó.

De esta forma se recuperó lo que décadas más tarde sería uno de los bienes raíces de la denominada Sociedad el Molino y fincas anejas, que permitiría a los vecinos seguir disfrutando de servicios básicos y no se vería afectada de haber futuras desamortizaciones.

100 años de la muerte de Mendigacha

Tal día como hoy hace 100 años, el 31 de julio de 1918, fallecía en su casa nativa en Vidángoz, en casa Mendigatxa, Mariano Saturnino Mendigacha Ornat y, como él mismo habría dicho, «de una enfermedad llamada 86 años (de edad)«. Mariano murió de ‘senectud‘, de viejo que diríamos ahora, pero no murió su legado.

Gracias a él hoy conocemos en gran medida cómo era el dialecto del euskera que se hablaba en el valle de Roncal, denominado Erronkariera, Erronkariko uskara o simplemente Uskara, que con la muerte de Mariano dio un gran paso hacia su desaparición de Vidángoz después de siglos como lengua de uso cotidiano.

Es por ello que el próximo sábado 1 de septiembre le tributaremos en su pueblo, en Vidángoz, un merecido homenaje del que iremos avanzando detalles más adelante.

A continuación, el artículo que, con motivo del centenario de la muerte de Mariano Mendigacha, ha sido publicado en diversos medios:
 
MARIANO MENDIGACHA ORNAT Y EL USKARA

Mariano Mendigacha (San Juan de Luz, 1869)

Hace un siglo, el 31 de julio de 1918, fallecía en Vidángoz Mariano Mendigacha Ornat, figura clave para el conocimiento del más arcaico de los dialectos vascos, el uskara roncalés, en el que al pino se le denominaba ‘ler’, ‘bedatse’ a la primavera, ‘neskaneguna’ al sábado o ‘goiko’ a la luna, por poner solo unos ejemplos. Mendigacha y su labor, sin embargo, son todavía bastante desconocidos.

 

LOS ESTUDIOS SOBRE EL DIALECTO RONCALÉS

Mariano Mendigacha nació, vivió y murió en Vidángoz, una de las villas más pequeñas del valle de Roncal. Sus circunstancias vitales hicieron que se convirtiera en una de las fuentes principales para el estudio del uskara roncalés.

Así, cuando en 1862 Louis-Lucien Bonaparte pidió consejo a sus colaboradores sobre qué villa del valle de Roncal sería la más adecuada para el estudio de este dialecto, le indicaron que Vidángoz, suponemos que por mantener más intacto el uskara debido a su aislamiento geográfico. Allí encontró a dos colaboradores excepcionales: el párroco Prudencio Hualde, quien tradujo para él el Catecismo del Padre Astete y el Evangelio según San Mateo, y Mariano Mendigacha, con quien trabajó la conjugación completa del verbo en el dialecto roncalés y diverso vocabulario durante el verano de 1869 en San Juan de Luz, donde retrató a Mariano en la imagen que acompaña a este artículo, seguramente la fotografía más antigua que hay de un roncalés.

Pocos años más tarde, en 1878, fue Arturo Campión quien contactó con Mendigacha para que tradujera su balada Orreaga al uskara de Vidángoz.

Tras dos décadas en blanco en lo que a lingüistas se refiere, en 1902 fue Resurrección Mª de Azkue quien requirió los servicios de un Mariano ya anciano, iniciando así una relación que trascendería la labor académica y llevaría a una relación de amistad. Después del primer encuentro entre ambos en Santa Engracia en el verano de 1902, mantuvieron una fluida relación postal que se extendió entre 1902 y 1916 en la que Mendigacha, a petición de Azkue, describía en su uskara el día a día de Vidángoz, los modos de vida de aquel entonces, costumbres y celebraciones hoy ya desaparecidas, refranes, cuentos, canciones… Es por ello que esta correspondencia entre Azkue y Mendigacha constituye, además de un importante legado lingüístico, un auténtico tesoro a nivel etnográfico.

 

MENDIGACHA Y EL DECLIVE DEL USKARA EN VIDÁNGOZ

Casa Mendigatxa, la casa nativa de Mariano.

La vida de Mariano bien podría resumir el ocaso del dialecto. Mendigacha nació en 1832 en un Vidángoz donde el uskara roncalés todavía gozaba de buena salud y era la lengua mayoritaria, si bien muchos de los hombres ya conocerían el castellano (los pastores por pasar los inviernos en las Bardenas, al sur de Navarra, y los almadieros por tener que hacer la venta de la madera río abajo, en Navarra, Aragón o incluso en Catalunya), circunstancia ésta habitual desde varias generaciones atrás. Las mujeres, sin embargo, desconocerían prácticamente el castellano.

Las guerras carlistas parece que marcaron retrocesos importantes en el uso de la lengua, particularmente la última de ellas (1872-1876), que parece que en Vidángoz supuso la detención de la transmisión familiar en muchos casos. Poco después de finalizar esta contienda, además, fallecería el último párroco uskaldun que tuvo el pueblo, el también bidangoztar Prudencio Hualde, con lo que el dialecto roncalés habría desaparecido también de la iglesia. Asi, en casa Mendigatxa los hijos de Mariano, nacidos entre 1854 y 1863 aprendieron todavía uskara, pero no así los nietos, que nacieron a partir de 1883.

Así, el uskara fue desapareciendo de la mayoría de ámbitos de la vida pública para quedar relegado al hogar, y en muchas ocasiones a los ancianos. En esta fase se encontraba la lengua cuando Azkue conoció a Mendigacha y de ahí las dificultades que relataba Mariano para recordar algunas palabras en uskara, y es que no quedaban muchos que lo dominaran como él. Aun así, Mendigacha realizó un último intento de enseñar su lengua nativa a sus nietos, pero terminó desistiendo, resignado.

Hoy sabemos que el uskara en Vidángoz no murió con Mariano Mendigacha, pero estaba en las últimas.

 

HOMENAJE A MENDIGACHA

Ya en 1932, su amigo Azkue, como primer presidente de Euskaltzaindia, propuso un homenaje a Mendigacha en el centenario de su nacimiento. Sin embargo, la placa a Mariano no fue colocada en su casa natal como aprobó la academia, seguramente por circunstancias inherentes a la época.

En junio de 1975 también se celebró en Vidángoz una jornada festiva en honor a Prudencio Hualde y Mariano Mendigacha que sirvió de germen para el que se tributó cuatro años más tarde al primero en el centenario de su muerte y que tuvo como colofón la colocación de una placa en casa Rakax, quedando el homenaje de Mendigacha para otra ocasión.

Es por todo esto que, con ocasión del centenario de su muerte, se ha promovido un pequeño homenaje a este bidangoztar ilustre, para que sea recordado como merece. Para ello, el Ayuntamiento de Vidángoz ha organizado un acto para el sábado 1 de septiembre de 2018 en el contexto de las fiestas patronales y en el que Euskaltzaindia también tomará parte, para poder así dedicarle por fin un ‘eskarrik anitx, Mariano!’.

Mariano Mendigacha, Vidángoz y el uskara

Por las fechas en las que le tocó nacer y morir a Mariano, podría decirse que su vida resume a grandes rasgos las últimas décadas del uskara roncalés.
Así, nuestro Mendigacha nació en 1832, cuando Navarra todavía era un reino (con muchas limitaciones, pero un reino) y en un tiempo en el que el uskara, aunque ya proscrito en diversos ámbitos, todavía gozaba de buena salud.
Al año de nacer Mariano se desencadenó la I Guerra Carlista, una guerra que perdieron los carlistas, quienes en principio apostaban por lo tradicional, situándose en este ámbito la lengua vernácula. Como consecuencia de esta guerra, Navarra pasó de ser reino a ser provincia española, vio recortados sus fueros y empezó a sufrir en mayor medida las políticas centralizadoras del gobierno liberal, presión que iba reduciendo el uso del uskara a menos ámbitos, para pasar en pocos años a limitarse su uso al ámbito del hogar.

El uskara roncalés, en el mapa realizado por Bonaparte en 1866.

No obstante, el proceso variaría de una casa a otra pero, en cualquier caso, parece claro que el declive del uskara habría comenzado en este punto, sin obviar que hasta entonces también había tenido trabas. Así, aunque en el análisis sobre la distribución y salud de los diferentes dialectos del euskera que realizó el lingüista Louis-Lucien Bonaparte en 1866 (en la imagen que acompaña a este artículo, la parte del mapa que concierne al Valle de Roncal, separando los tres subdialectos de Vidángoz, Urzainqui y Uztárroz, y donde ya se señala que en Burgui estaba en peor situación de uso que en el resto de villas del valle) se señala que en Vidángoz más del 90% de la población era vascoparlante, parece que el retroceso ya estaría en marcha y nos encontraríamos en ese punto en que tanto mujeres como hombres jóvenes y de mediana edad serían bilingües y entre los más mayores la mayoría de las mujeres y algunos hombres serían mayormente euskaldunes aunque conocerían algunos rudimentos de castellano. Es de reseñar que Bonaparte escogió Vidángoz para el estudio del uskara por ser el pueblo que mejor se prestaba a ello (por menos influenciado por el castellano o por gentes venidas de fuera, suponemos, favorecido esto por su situación aislada), y de ahí su colaboracion con Mendigacha y con Prudencio Hualde.
En la década siguiente, donde seguramente habría tenido particular relevancia la III Guerra Carlista (1872-1876), se aceleró el proceso hasta el punto de que, por lo que pudo concluir el investigador Gorka Lekaroz en 2014 en su análisis de la desaparición del uskara en Vidángoz (en la que contó con mi colaboración), la guerra habría tenido tal efecto que incluso en hijos de una misma familia, los nacidos antes del conflicto dominarían el uskara y los nacidos después de él ya no habrían llegado a tener el mismo nivel con el idioma.
En casa Mendigatxa, supongo que hasta 1883, año en que se casó Inés, la hija que quedó en casa, se habría hablado uskara. Al entrar en la casa Juan Mainz Villanueva [Santxena], se habría iniciado una convivencia entre el castellano y el uskara en la que variaría el idioma de comunicación en funcion de quién hablaría y a quién se dirigiera, pero seguramente Mariano seguiría dirigiéndose a su mujer y a su hija en su idioma nativo.
El siguiente escalón que bajaría el uskara en casa Mendigatxa llegaría con la muerte de su esposa, Josefa Pérez Marco (Uztárroz) en 1886, con lo que parece que el castellano se habría convertido en el idioma principal relegando al uskara a situaciones más o menos puntuales.
Dos décadas después, en 1904, cuando Mariano ya había iniciado su correspondencia con Azkue, el Obispado de Pamplona analizó su diócesis y en el Valle de Roncal solo se hablaba uskara en Vidángoz, Isaba y Uztárroz y, por lo que decía Mendigacha, sólo unos pocos ancianos ya lo dominarían. En Mariano, animado por su creciente relación con Resurrección Mª de Azkue, revivió el fuego del uskara y éste incluso trató de que uno de sus nietos (seguramente Diego Mainz Mendigacha), que todavía no había aprendido a hablar, interiorizara el uskara y salvarlo así en cierta manera, pero al solo tener al abuelo para la conversación, fue en vano y el anciano Mendigacha desistió de su intento.
14 años después, en 1918, falleció Mariano, y entonces quedarían menos euskaldunes aún, pero todavía en 1935 se mencionaba a Vidángoz como muga sur del euskera, si bien en nuestro pueblo ya estaba en su último estadío antes de desaparecer (‘solo lo conocen los ancianos, pero no lo usan en público’). situación solo un poco mejor en Isaba (donde ya solo lo conocían los mayores de 50) y en Uztárroz (mayores de 30).
Por lo que podemos deducir de sus cartas, Mariano Mendigacha vivió el declive del uskara como un querer y no poder, pero fue la figura clave para que hoy conozcamos mucho de lo que sabemos de nuestro desaparecido dialecto, por lo que solo podemos expresarle nuestro agradecimiento. Así que, ¡Eskarrik anitx, Mariano!

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